viernes, 1 de noviembre de 2019

Un boletín y dos revistas, publicaciones quillotanas (Comercio y Educación)




Detalle Portada Revista "Amanecer",
agosto de 1943

El 10 de marzo de 1943 se fundó la Cámara de comercio minorista de Quillota y en octubre de 1944 apareció el Nº1 del “Boletín” órgano oficial, mensual, con 12 páginas, de dicha Cámara, cuyo director era Eliseo 2º Guerra.  Ese año la institución era liderada por el presidente M. Felipe Cisternas y el secretario José R. Flores.  Los socios se reunían todos los viernes desde las 21 horas y tenían un Casino en calle O’Higgins Nº46.

Por el Noticiario del boletín nos enteramos que “En la reunión de directorio celebrada el 29 de septiembre se presentó la renuncia colectiva de 15 socios, todos ellos pertenecientes a la Colonia Árabe”.  La publicación consigna los nombres de 12 de ellos: Salame, Gabriel y Salim Jarufe, Jacobo Abufón, Adán Zedán, Tedy Sacre, Habil J. Carmi, José Michel Hermanos, J. Salim Abuyeres, Elías Heresi, Carlos Amohad y Pedro Jalil.

Sobre los motivos de la renuncia no hay información.  Otros temas abordados: fabricación de la azúcar de betarraga, asesorías de las Cámaras de Santiago y Valparaíso, “El comercio minorista quiere justa utilidad”, “Movimiento de fondos al 31.10.1944”.

Entre los numerosos avisos, destaco el de Lorenzo Sazie H., abogado oficial de la Cámara, que ocupó un importante cargo en el Liceo de Hombres.

Las páginas 8, 9, 10 y 11 contienen la nómina de socios con clasificación de sus negocios.  Algunos rubros: abarrotes, seguros y propiedades, boticas, flores, frutas y verduras, sastrerías, etc.

Algunos comerciantes: Luis Bo, Agustín Celedón, Carlos Wesphal, Elena vda. de Timmermann, Oscar Riveros, Ángel Kraljevic, Euclides Vinet.

En el rubro zapaterías y suelerías figura Juan Plá Ibarra, en Prat Nº84, al parecer familiar de la ministra de Piñera Isabel Plá Jarufe.

El Nº1 de “Amanecer”, órgano oficial de las Escuelas primarias del departamento de Quillota, se publicó en agosto de 1943, con 8 páginas.  El editorial lo escribió Alberto Poblete Gallegos, Director de Escuela Superior Nº1 de Hombres de Quillota, ubicada en Blanco Nº40.

La alumna Vedanta Villaroel B. de sexto año de la Escuela Superior Nº2 de Niñas es autora de los siguientes versos:

Amanecer.

AMANECER, la aurora anuncia un nuevo día
y a  nuestra tierra un sol radiante iluminó,
y en nuestra escuela todas tenemos alegría,
porque nuestro periódico este día se fundó.
AMANECER, el lema de todos los chilenos,
es patriotismo, trabajo, disciplina y unión
y, por lo tanto, AMANECER queremos
dedicarte estas líneas como nuestra canción.
Compañeras, debemos alegría tener,
pues tenemos ya nuestro periódico escolar
al que con nuestro esfuerzo debemos honrar.
¡Que viva la querida revista AMANECER!

La profesora Elcira Díaz colabora con un artículo sobre periodismo escolar.

Los números 2 (doce páginas) y 3, de septiembre y diciembre respectivamente, contienen trabajos de las escuelas de Artificio, La Palmilla, Quintero, La Calera, Nogales e Hijuelas.  Destacan: el poema “Canto a la bandera” del director de Nogales y el artículo “El juego como preparación para la vida”, autoría del profesor Héctor Villalobos, escuela Nº1.

En estos números se reproducen varias felicitaciones por la forma y el contenido de la revista.  Entre ellas la del periodista quillotano Manuel 2º Sarmiento y la del profesor Tomás Ibáñez, secretario del “Ateneo” de Quillota.

“Ideales”, revista literaria de las alumnas del Liceo de Niñas, es la tercera de las publicaciones. Revisamos el número 2 publicado el 30 de septiembre de 1927, con sus 8 páginas.

Sobresalen los textos de G. Fleming O., ex alumna, especialmente su poema “Mi vida”, y de Amado, seudónimo de un colaborador del Liceo de Hombres.





viernes, 11 de octubre de 2019

Correr hasta desaparecer




Equipo San Luis de Quillota, año 1955.
(imagen: www.sanluissa.cl)


“Grado Cero” se titula el suplemento de literatura del periódico, fundado en la comuna de La Unión, “El Ciudadano.  Cristóbal Gaete, editor del mencionado suplemento, escribió para la edición del mes de agosto del presente año el siguiente texto:


Soy hincha de un club pequeño.  Hay grandes, medianos (sin aspiraciones en Primera A) y los pequeños, que se las pelan entre Primera y los potreros. A veces a los medianos les toca ganar algo, a veces los pequeños coquetean con la gloria, excepcionalmente.  Glorias menores.  Una copa Polla Gol, equivalente a la Copa Chile cuando era torneo de apertura, sólo para equipos de segunda división.  Ése es el mejor registro en Youtube de mi equipo: San Luis de Quillota.  Cada tanto muestro mis cosas del club a mis amigos, camisetas o contraportadas de revistas Estadio, cada tanto algo me recuerda que soy hincha del canario.  Hace poco fui a ver una exposición de artes y deportes y colgaba un libro de una pinza ploma, Parque Schott (Rocas Shop), de Antonio Duarte, que tenía un poema a Pindinga Muñoz, uno de los punteros en ese equipo glorioso de San Luis:

15

el pindinga muñoz es un crack de los 90
pasó por Osorno, por San Luis y por la Cato
veloz como un perro persiguiendo una bici
se comió la banda izquierda
ahora vive en un pueblo fantasma

Duarte escribe de visita todo lo que puede asociar a la cancha de Provincial Osorno, un equipo mediano de los años noventa que desapareció del profesionalismo, sin entrar en el estadio.  Otro texto sobre San Luis - porque hablar del equipo de provincia es hacerlo de su ciudad - está en Ciudad fritanga (Bifurcaciones), donde Juan Diego Spoerer escribe de Quillota.


            “Desde el micromundo de una radio a pilas yo media el universo, las ciudades y su circunstancia por las acciones en  un estadio de fútbol.  Ése era el centro   neurálgico de la vida.  Allí se congregaba la importancia ígnea de la existencia.  En el Estadio Municipal hacía de local San Luis y allí defendía el arco Ricardo Storch, la araña negra chilena.
              Con mi hermano compartíamos la pasión por el arco y  Storch encarnaba la destreza temeraria de un hombre en la soledad de los tres palos.
              Llegó el momento de bajarse del tren.  Adentrarse en esa ciudad e ingresar al estadio. Pero quién mira una  ciudad  cuando el destino es un partido de fútbol.  El estadio, el primero de mi infancia, no era un estadio.  Era una cancha con tablones astillosos bajo una fila de  álamos para mirar el espectáculo.  Storch con su soledad intrépida atajó toda la tarde (…)”.


Tengo tres contraportadas de Estadio donde sale Storch, de 1962 a 1964, siempre con los brazos cruzados y uniforme negro.  Tras leer el texto de Spoerer le escribí para preguntarle si efectivamente había visto el equipo en esos años, me confesó que no. Para verdad hay otras cosas, como Largo viaje en busca de un gol (2013), del ex presidente del club en el 2003, Mauricio Morales, que está tan lleno de anécdotas como de puntos suspensivos. Porque todos los puntos fueron importantes para volver al profesionalismo después de 13 años en el averno de la tercera división.


            “… Al final la conversación terminó en el local comercial “El Churrascón” de Quillota.  Allí, con la  ayuda de un par de completos y una gran porción de papas fritas, finalmente se logró llegar a acuerdo... Este pasó, como es lógico, por un pago aunque menor al que pretendía “Chupete”…”


Ni siquiera pensaría en la conexión entre literatura y fútbol si no fuera por la revista deportiva El Gráfico. En casa no  había muchos libros, mi hermano que trabajaba de chico llegaba con ellas.  Los boxeadores eran todos épicos bajo la pluma de Carlos Irustra, cuando llegó el cable no eran ni la mitad de espectaculares.  Me encantaban las historias de ascenso que sólo ameritaban páginas a fin de año, e imaginaba a San Luis allí y a mí escribiendo más tarde esas páginas.

Hoy la revista está cerrada, al igual que San Luis, cumpliría su centenario este año.  El equipo también está en peligro.  Acaba de llegar un segundo entrenador a hacer la práctica en la misma temporada.  El primero se quejaba del estado de las canchas, desconociendo los potreros donde se juega la realidad.  Ahora tratan de echar a otro jugador de la casa.  No saben cuán largo es el camino allá afuera y cuán corto es el olvido.  La mejor jugada que vi en la cancha de San Luis fue de Guillermo Corominas: una tijera espectacular. Por lo mismo mal trato terminó yéndose a Magallanes y desapareciendo del profesionalismo.  Esa tijera sólo la vimos los 1500 que estuvimos en la cancha.

En Parque Schott, Duarte rodea la gloria al quedarse en la casa de la hija de un goleador de un partido extraordinario del local.  En la mediana gloria de la provincia no hay olvido.  Hace algunos veranos volví a comprar la revista de San Luis campeón 1980 y caminaba con ni hija volviéndome un cover de mi mismo, tomando un helado en la Plaza de armas de Quillota, pensando en Luis Enrique Délano siendo fotografiado con su sombrero.  En eso llegó Pititore Cabrera, el goleador del equipo glorioso que mostraba Quillota a sus amigos.

En Largo viaje en busca del gol aparece el mismo Pititore tratando de volver al club al profesionalismo con Pindinga en 1992, antes incluso del paso por Osorno. Entonces se jugaban cuadrangulares y Quillota hizo la fuerza para ser la sede.  Si había formas de ser derrotados ésa era la más justa, con la camiseta puesta, dignos y listos para pelear.  Quiero que así me halle la literatura en el momento final.

Porque mucho de nosotros no quedará, de esto estoy seguro.  En un asado con mi colega Cristian Geisse, en Vicuña, su papá cachó que me gustaba San Luis de verdad.  Tomó el teléfono sin aspavientos y llamó al hermano de Rubén Rivera, uno de los goleadores históricos de San Luis en los años setenta.

El hombre, conmovido por escuchar de alguien de San Luis, me hizo llegar a casa una camiseta homenaje a su hermano, además de recortes de los años setenta.  Uno de ellos es la formación sin más, jugaban con camiseta amarilla y shorts negros.  Ni insignias ni auspiciadores.  Detrás, la tribuna Pinto del estadio viejo, su pasto algo imperfecto, el que podía sentir en los pies al final de los partidos, el que te enseñaba que parar la pelota no es fácil.  Hoy es otro estadio y su pasto es sintético, una locura considerando el entorno natural.

En el libro de Morales cuenta cómo el presidente histórico de San Luis absorbía todas las deudas, un turco al decir de mi mami, y Calera, el archirrival, siempre fue de los turcos.  Hoy en ambos clubes los manejan dueños argentinos que viven lejos, nadie sabe qué sucede.  Otros equipos como San Felipe o Rangers, que a veces tenían algo que decir en los campeonatos de arriba, parecen zombies del ascenso bajo el mismo modelo.

Y yo no quiero serlo.  Laguna vez leí que Nick Hornby decía que su destino estaba vinculado al del Arsenal.  No leí el libro, no leo traducciones, pero sí creo que los hinchas viven eso.  Recuerdo tener la absoluta certeza de que algo bueno me iba a pasar cuando la juvenil de San Luis ganó la copa Nike y fue a jugar al teatro de los sueños contra grandes clubes del mundo.

El recorte que más cuenta de la vida de Rubén tribilín Rivera lo firma un tal Lucio Fariña Fernández.  Así se llama el estadio de San Luis ahora, un estadio precioso que en vez de recordar a un jugador elige un periodista e hincha que acompañó al club toda su vida.  Para él no fue nunca necesario salir de la provincia, para él no hubo jamás un estadio más grande.




Cristóbal Gaete

jueves, 26 de septiembre de 2019

El Pilar de Esquina, un elemento de la arquitectura colonial presente en el paisaje urbano de Quillota.






Pilar de esquina ubicado en la intersección de calle Yungay con O´Higgins



Un elemento de la arquitectura colonial son los pilares de esquina. Este original recurso constructivo data en Chile desde el siglo XVII y abunda en la localidad de San Felipe donde el número asciende a veintitrés pilares. También los hay en Curimón y Los Andes, un par de ellos en la parte central de la ciudad de Santiago y las comunas de Recoleta (barrio de la chimba) e Independencia y en la ciudad de Rancagua. En todos estos lugares las casas-pilares han sido declaradas monumentos nacionales y, en consecuencia, un aporte a la historia del patrimonio edificado.

En Quillota aún pervive este tipo de columna tradicional en la calle Yungay encuentro con calle O’Higgins, esquina sur-poniente. Sobrevive también el pilar de esquina ubicado entre las calles Pudeto y Carrera frente al Hogar de Tezanos Pinto. Pero, ¿habrá registro de otros pilares de esquina? Gracias al trabajo de tesis realizado en 1970 por las arquitectas Judith Ferrada Moraga y Liliana Martínez Muñiz se sabe de la desaparición de varios pilares de esquina dentro del casco fundacional de Quillota. Dicho estudio bien podría ser el punto de partida para abordar de manera profunda este tema y, sobre todo, determinar ubicación, año de construcción, propietarios y, por consiguiente, describir su evolución. 

Ahora bien, los pilares mencionados bien podrían considerarse como una especie decorativa u ornamental, sin embargo, tienen la función primaria de soportar el peso de una estructura. Para el caso de la casa-pilar de calle Yungay, corresponde a una vivienda de abobe de un piso donde aún conserva algunas tejas en la techumbre. Otro de los atributos del pilar  es respecto a la circulación de los espacios en la esquinas, es decir, libera la esquina del cruce de los muros de adobe para utilizarla, por ejemplo, como recinto comercial. A propósito de esto último, tengo aún fresco el recuerdo del inmueble de calle Yungay (durante la década de los ochenta y parte de los noventa), donde había un negocio de confites, cigarrillos, diarios, revistas y figuritas de los álbumes de “Artecrom”, “Salo” o “Mundicrom”. Hasta allí acudía, siendo entonces un adolescente, con la esperanza de hallar esa lámina faltante llamada clave (la más difícil de todas), que saldría del envoltorio de los sobres adquiridos en aquel sector lejano para mi. Eran tiempos donde atendía un personaje conocido por la mayoría como el Pato.

Más allá de lo evocativo, este pilar de esquina de calle Yungay puede indicarnos el límite de la ciudad o según la perspectiva el comienzo de ésta. Antiguamente la ciudad de Quillota era muy pequeña y estaba rodeada de terrenos agrícolas. Además, vecina a esta casa había una curtiembre donde se trabaja el cuero y, en consecuencia, dichos datos podrían servir para reconstruir el entorno más próximo a la casa-pilar. 

Por otra parte, la columna de madera puede darnos pistas respecto a la importancia del tipo de propiedad, ya que el pilar denota una falta de refinamiento en detalles no sólo por la carencia de su base, sino también por el material utilizado (madera y no piedra) que, a su vez, revela modestia por lo liso. El fuste del pilar no presenta tallado en alguna forma especial y tal como se señaló no descansa sobre ninguna base, sino que tiene contacto directo al piso. Una excepción es el capitel donde asoma cierto detalle para soportar la estructura.
       
A pesar del raquitismo estético, no cabe duda que este pilar de esquina es una singularidad en el paisaje urbano de Quillota. Su contribución se cuenta junto a otros elementos arquitectónicos, como la fachada continua de uno y dos pisos y las casas con balcones hacia la calle. El conjunto forma una imagen urbana tradicional que, sin embargo, hoy por hoy, muestra claras señales de extinción.




Pablo Montero Valenzuela
Licenciado en Historia PUC-V