lunes, 12 de octubre de 2020

La llave del misterio, por Sergio Meier Frei (1)



“Todo espíritu debidamente constituido debe alegrarse no tanto de saber algo con claridad, como de sentir que hay infinitas cosas que no puede saber”

Ruskin, “Modern Painters”


En el espejo de la medusa se desprendieron las alas de la luciérnaga…


La galería mantenía las pinturas gigantescas pendiendo de hilos invisibles. Los cuadros flotaban por todo el recinto, bajo una cúpula de mármol que, distante como el cielo me enseñaba la arquitectura romántica.

Tal vez cuando dibujé al dragón Fafner (en las ilustraciones que me encargaron para la leyenda de Sigfrido) pensaba en el viejo profesor de química, no lo sé, sólo que al trazar con la pluma ciertos rasgos de la criatura pensé en él…, no, no fueron líneas de intencionado rencor, fueron líneas de un enigmático tormento que en el viejo profesor se marcaban en todo su rostro, en sus manos, en su caminar, en su voz…

Aquella tarde vagaba entre las columnas del museo, en semipenumbras, las luces rojas y nacaradas iban deslizándose con prisa, tiñendo una atmósfera irreal que realzaba y daba su justo sentido a las obras de arte “oníricas”.  Me asomé a la bóveda central, dejé el refugio de las sombras que me ofrecían los fríos pilares, y me aventuré a ver de cerca lo que había pintado, los trabajos que finalmente cumplían con mis anhelos de espectro,  me sentía a gusto contemplando las figuras de las telas, lamidas por las nieblas del crepúsculo, aquellos fantasmas y demonios de alas membranosas convocaban paisajes de lirismo embrujado, los sentidos se afinaban ante la belleza del artístico devaneo de pesadilla gozosa. De improviso se quebró el hechizo, mi oído captó los golpes que terminaron de trizar el fino cristal de mi soledad, resonaron en la estancia los cansados pasos sobre las losas cortadas.  La figura encorvada se acercó lentamente embozada en su raída capa negra, se detuvo bajo la caída de un rayo de luna, entonces, descubriéndose el sombrero y levantando en alto el bastón, en cuyo mango reconocí la talla, su voz articuló mi nombre con la antigüedad de las cariátides centrales de la bóveda.  Su anciana voz criticó con furia el resultado de mis trabajos, el viejo profesor se enfrentaba en ellas con su propio destino, nada podía hacerse, nada podría evitar que su alumno llevara a cabo el desenmascaramiento de su fórmula, la llave para abrir las puertas de la inteligencia humana hacia el universo de terrores que nos gobierna… Él habría desarrollado la droga, su química algún día habría de alterar el cosmos de los terrestres, y yo acababa de plasmar la llave en los lienzos, y era real, tanto que él había venido en un último intento a suplicarme que lo destruyera todo, antes de que fuera demasiado tarde, antes de que el mundo entendiese, antes de que amaneciese y se abriera la exposición y las gentes comprendiesen el por qué de… “mi romance con la muerte”.





(1) Publicado en la “Revista del Círculo”, año VIII,  Nº29/30, noviembre de 1985/ febrero  1986

miércoles, 12 de agosto de 2020

Importante obra de Crisóstomo Pizarro

 



El autor en el lanzamiento del Cuaderno XX del Foro Valparaíso titulado “Populismo y Comunicación” en la Universidad de Playa Ancha (UPLA.cl). 


El número correspondiente al presente mes de agosto de la revista “Le monde diplomatique” (edición chilena) contiene una reseña, escrita por el editor general de la publicación, del libro “¿Existen alternativas a la racionalidad capitalista?” (Ediciones Universitarias de Valparaíso (PUCV), Chile 2020, 522 páginas) cuyo autor es Crisóstomo Pizarro Contador (Illapel, 1939), director ejecutivo del Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso, ex alumno del Instituto “Rafael Ariztía”.  Egresó el año 1957, dos años antes que su hermano Nelson.

 

“Las crisis se han ido superponiendo una encima de la otra, sus desarrollos particulares estimulan a las otras, mientras sus efectos, golpean con dureza inusitada a las sociedades.  No importa el continente, ni el tamaño de los territorios o de la población.  La crisis es global.  El telón de fondo es el capitalismo global en sus formas más salvajes, los niveles de desarrollo y profundidad de los modelos neoliberales, la volatilidad de los mercados, la extracción sin límites de los recursos naturales, la codicia sin fronteras, la opresión de poblaciones y pueblos, la estrechez democrática… y la lista es larga.

 

El abogado, cientista social, consultor internacional y académico Crisóstomo Pizarro Contador, desde Valparaíso, ofrece una maciza obra para el debate y la reflexión en su más reciente libro, que titula con una gran pregunta y una propuesta :”¿Existen alternativas a la racionalidad capitalista? La crisis del capitalismo y otra manera de vivir y pensar”.  A lo largo de las más 500 páginas de la publicación, Crisóstomo Pizarro da respuesta a la interrogante.  Cita decenas de intelectuales y representantes del pensamiento crítico actual, que junto a los propios aportes del autor van configurando una contundente afirmación: Existen las alternativas, en momentos de crisis agudas es posible pensar lo impensable y, por cierto, se pueden empujar los cambios.

 

“No estamos condenados a aceptar –dice al autor- este orden- desorden.  Queremos, podemos y debemos imaginar otra manera de vivir y pensar más acorde con nuestras más apreciadas intuiciones acerca de lo que podríamos denominar una sociedad justa y buena, menos desigual y más democrática y, en consecuencia, no sometida a la racionalidad capitalista”.

 


El libro alerta sobre los impactos de la crisis climática, quizás la más compleja y menos “manejable” por la tardanza de los gobiernos del mundo para adoptar medidas de mitigación.  Menos cuando el planeta entra en una recesión cuyos efectos aún están por verse, gatillada por la crisis sanitaria más grave del último siglo.  La suma de todas las crisis adelanta –como ya se ve en Chile, en el continente y el mundo- una profunda crisis social, que cuestiona las bases del modelo.  En todo el planeta hay quienes se hacen la misma pregunta que plantea Crisóstomo Pizarro: ¿Hay alternativas?

 

Libio Pérez


domingo, 26 de julio de 2020

Otra novela ambientada en Quillota




En notas anteriores nos hemos referido a novelas ambientadas total o parcialmente en nuestra ciudad, de los escritores Zorobabel Rodríguez, Lautaro Yankas y Eugenio Matus. Pero ignorábamos que el profesor normalista, gremialista y novelista Carlos Sepúlveda Leyton (Santiago, 1895 – San Javier, 1942) era autor de una obra de la mencionada característica.

El año 2013 el sello “Sangría Editora” publicó un volumen de 813 páginas titulado “Trilogía Normalista”,  gracias a la iniciativa de la joven académica Belén Fernández Llanos, que contiene las tres novelas del maestro: “Hijuna…” (1934), “La Fábrica” (1935) y “Camarada” (1938), ambientada en Quillota:


La ciudad es amplia, cuadrada, tirada a lienza. Y es amable y fresca la caricia del sol; los árboles, de fronda esponjada, se espacian correctamente en formación de revista a lo largo de todas las calles. La ciudad entera es un verde quitasol de seda, delicado y generoso. Carritos de ‘sangre’ dan prestancia colonial al conjunto. El mayoral, aplastado bajo la "chupalla” enorme, caída en los hombros, tira de las riendas y se aferra a la palanca; retuerce frenéticamente el brazo de hierro, y el carro se estremece todo, y tropiezan las ruedas, y la sacudida rebota en la cabeza de los pasajeros. Bruscamente se detiene el mundo y se queda dormido. Los caballejos escriben un monumento de filosofía. De repente, el timbre golpetea la cabeza del mayoral, y el hombre se sobresalta, y levanta la huasca, y grita una palabra  sin asunto: —¡Epa!

Juan de Dios camina perezosamente. Un papel amarillento le hace señas desde la otra acera. Obedece. Se acerca a la ventana y trata de leer: —¡Qué tonto!—sonríe.

El papel no dice nada.

Camina y observa. Hombres desenvueltos. Mujeres hermosas. —¡Qué raza de mujeres! Pero he de encontrar una mujer fea de veras.

Alarga el paso tras una muchacha. —Yo quiero ver una mujer fea en este pueblo; pueda ser.

Una mujer fea para descansar la vista…


El protagonista de los tres textos es Juan de Dios, alter ego del autor, niño, adolescente y adulto, respectivamente.

El volumen fue comentado por el reconocido crítico Camilo Marks y la impulsora, en una entrevista señaló: “Encuentro que sus novelas son de una belleza y una crítica muy profundas”.

En la publicación “Paulo Freire. Revista de Pedagogía Crítica” (2018) aparece un artículo, de 20 páginas, escrito por Belén Fernández donde analiza las novelas de nuestro autor, empezando por “Hijuna…” ambientada en un conventillo y una escuela del barrio Matadero, hoy Franklin, sector originario del literato.

Leamos, ahora, lo que afirma la experta sobre el penúltimo y último trabajos:

“El libro ‘La Fábrica’, desde su título, muestra una postura crítica e irónica ante la Escuela Normal de principios del siglo XX. Es una fábrica pues produce de manera masiva, estandarizada y replicable, normalistas iguales y eficientes”

“El tema central de ‘Camarada’, es el ejercicio como docente de Juan de Dios en escuelas primarias de Quillota, así como su participación en el movimiento de profesores de los años 20. La obra relata vivencias urbanas, familiares y gremiales del personaje, a quien tal como Sepúlveda Leyton se involucró en la AGP (Asociación General de Profesores) hacia fines de 1922, siendo uno de sus fundadores.

“El desenlace del personaje Juan de Dios y del escritor Carlos Sepúlveda fue el mismo: la cárcel, la persecución política y la exoneración”.




Profesores integrantes de la AGP, entre ellos, sentado primero de derecha a izquierda, mi padre Alberto Antonio Poblete Gallegos.


Sepúlveda fue expulsado del magisterio el 01 de julio de 1925 junto a otro gran maestro César Godoy Urrutia y otros cinco colegas. Ejercía en una escuela quillotana. Aquí conoció al joven Luis Enrique Délano.

Vivió en otras ciudades: Valparaíso, Chillán, Rengo, Peumo, Linares y San Javier; publicó un solo cuento y dejó una novela inédita, “Una Hora”.

Su amigo César Godoy le dedicó un capítulo de un libro (1966) donde, pensando en el novelista social, el gremio y en el país, citó al filósofo Nietzche: “Ya llegará, rengueando, la hora de la justicia”.


Augusto E. Poblete Solar