sábado, 14 de enero de 2017

Un autorretrato de hace 142 años



Diccionario de Chilenismos (1) Zorobabel Rodríguez Imprenta El Independiente 1875


 
Un diccionario es un compilado de palabras o expresiones, un listado de significados explicados en términos académicos, un ayuda memoria para no errar en ortografía o en utilización gramatical, un cúmulo de inteligencia y saber.

Sin embargo, este diccionario, el de los chilenismos, más que de lo erudito,  nace de lo usual, de lo cotidiano.  Recordándonos que el lenguaje es algo vivo que se rebela, cada día, en la boca en que habita.  Tan vivo, que va dando nuevas facetas a los términos, construyendo frases a su antojo.  Que de tanto existir una y otra vez atado a las reglas, gramaticales, de buenos modales, de corrección y puntuación; las palabras y los decires, se cansan, se agotan de la monotonía, dando un giro, comenzando a existir por fin verdaderamente.  Ahí nacen los “quiltros”, los “al apa”, los “julepes”, los “siúticos”, los “pololos”, las “teteras”, los “cototos”, los “cabros”, las “chauchas”,  transformando el español en casi un divertido embrollo.

Aunque, paradojalmente,  la razón de ser, de este diccionario, publicado en 1875, fue terminar o por lo menos aminorar los errores en el hablar de los chilenos, y el espanto que éstos, provocaban en su autor quillotano, Zorobabel Rodríguez.  Termina siendo, hasta el día de hoy, una muestra de primer orden, además de cómo hablábamos, de cómo seguimos hablando, con una actualidad que podrá asombrar, a más de alguno.  Porque, el que quiera encontrar en él, los decires de sus abuelos, ahí están y los que buceen en busca de algo que sus propios labios digan también, lo encuentra.

“Diccionario de Chilenismos”, un retrato, en donde volver a mirarnos, sin importar que el tiempo diga, que han pasado la friolera de 142 años, reflejándonos con un parecido, que nos deja perplejos.


Marcela Poblete Cruz




(1) El “Diccionario de Chilenismos” de Zorobabel Rodríguez, se puede leer en el siguiente vínculo.







viernes, 23 de diciembre de 2016

“Gente en la mira” por Dina Ampuero

Ediciones del Frente de Afirmación Hispánica, A.C. México año 2010




Dina Ampuero, escritora, artista plástica, profesora de estado, nace en Quellón, pero finalmente se afinca en Quillota, ciudad desde la cual ha consolidado su visión creativa de lo todo que la rodea.  Con numerosas exposiciones a su haber de sus obras pictóricas y más de una docena de libros publicados, ha recibido premios tanto en Chile como en el extranjero y sus poemas han aparecido en diversas revistas y antologías hispanoamericanas.

“Gente en la mira”, poemario, publicado en el año 2010, nos habla casi al oído, en una especie de recordatorio, sobre la gente que nos rodea a diario y pasa ante nosotros casi desapercibida. Gente que es, tal como ella, artistas, que cultivan el don de la creación. Gente, que a través de los materiales que la tierra les provee, recrean el mundo una y otra vez, otorgándole una particular lectura, más pausada, más profunda.

“Gente en la mira”, se pregunta ¿Qué busca la gente?, y concluye, “su origen”, que es el sentido de su existencia.  Sentido que en algunos es un afán, y para satisfacerlo, lo han de buscar viajando, que es sino explorar lo perdido de uno mismo en lo paisajes desconocidos.  Porque, cuando, lo común deja de serlo contrastado con lo diferente que se asoma a nuestros ojos; en otras tierras, en la aparente ausencia de vida en un desierto, en toda la naturaleza transformada en un espejo, que nos devuelve la imagen de nuestra ínfima existencia.

“Gente en la mira”, remece a los que caminan sus días sin pensar que éstos son finitos.  Nos llama a crear, a vivir en sociedad pero, concebida como un todo en donde nadie debe faltar porque nadie, sobra. Nos llama a volver a mirar a los otros y lo que nos rodea. A buscar el reflejo de lo que somos o lo que hemos perdido en el andar de cada uno de los instantes de nuestros años.


Marcela Poblete Cruz

jueves, 3 de noviembre de 2016

La Crónica de Gerónimo de Bibar


Hace 50 años, en 1966, se publicó por primera vez la “Crónica y relación copiosa y verdadera de los reynos de Chile” de Gerónimo de Bibar (o Jerónimo de Vivar), una fuente indispensable. Lo hizo el Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina de Santiago de Chile, utilizando el original, propiedad de la Hewberry Library de Chicago. “La obra es de un enorme valor, superior por muchos conceptos a la crónica de Pedro Mariño de Lobera y Alonso de Góngora Marmolejo, hasta entonces los relatos más orgánicos surgidos durante la Conquista de Chile”, según Sergio Villalobos R. Esta excelente obra contiene gran cantidad de información nueva, Bibar la escribió en homenaje a Pedro de Valdivia.

¿Quién fue Gerónimo de Bibar? La respuesta está contenida en el primero de los siete capítulos del libro “La Crónica de Gerónimo de Bibar y la Conquista de Chile” (1988), del antropólogo quillotano, Premio Nacional de Historia, Mario Orellana Rodríguez, de enjundiosas 186 páginas.

El cronista nació aproximadamente en 1525, o en 1524, en la ciudad de Burgos, o sea, era burgalés, llegando a Santiago de Chile a comienzos de 1549. “No es un caballero, es decir, no posee un caballo; es solo un soldado de a pie, un arcabucero que participa de las expediciones”… Acompaño al gobernador Valdivia y luego al general Villagra. Después de 1558 desaparece, dando término a su crónica el 14 de diciembre del mismo año.

Orellana constata: “Su obra es su gran legado cultural, un libro escrito con dificultades en un lenguaje generalmente sobrio, casi tosco, con pocas metáforas y con expresiones propias del siglo XVI.”

A continuación, transcribimos párrafos del capítulo XXVI del texto, alusivos a nuestro Valle de Aconcagua, modernizado por Ángel Barra Gómez (Madrid, 1955), Licenciado en Historia de América. Libro de mayo del 2001:

“Este Valle de Aconcagua es mejor y más abundoso que todos los pasados. Tiene tres leguas de ancho por las más partes y por otras partes poco menos. Tiene la sierra a la mar veinte leguas. Tiene ovejas y mucho maíz y algarrobales. Corre por este valle un río caudaloso. Tienen sacado los naturales veinte y dos acequias grandes para regar todas las tierras que cultivan y siembran. Tiene pocos indios que no pasan de mil quinientos. Solía haber mucha gente.

Residió en este valle siete meses el adelantado don Diego de Almagro con cuatrocientos hombres y seiscientos caballos y gran copia de gastadores. Y fue en el tiempo de invierno cuando allí estuvieron, y aquel año fue furioso y tempestuoso. Y de aquí se volvieron don Diego de Almagro con toda su gente que no quiso conquistar ni poblar este reino.

Decíanle los indios a don Diego de Almagro, que eran unos indios que habían traído del Pirú, que hacía en este valle ‘ancha chire’, que quiere decir gran frío, quedóle al valle el nombre de Chire. Corrompido el vocablo le llaman Chile, y de este apellido tomó la gobernación y reino el nombre que hoy tiene que se dice Chile.

Los señores de este valle son dos. Sus nombres son éstos: el uno Tanjalongo, éste manda de la mitad del valle a la mar; el otro cacique se dice Michimalongo, éste manda y señorea la mitad del valle hasta la sierra. Este ha sido el más tenido señor que en todos los valles se ha hallado”.

Llama la atención, entre otros asuntos, lo relativo a la población indígena ¿Disminuyó después de la estadía de Diego de Almagro?

(Leer nuestras notas anteriores sobre la población indígena y Mario Orellana).