jueves, 12 de septiembre de 2019

Agrupación Aconcagua Recreación e Investigación Histórica






En agosto de 2015 exactamente después de 124 años de la Guerra Civil en la que se enfrentaron congresistas y las tropas fieles al Presidente Balmaceda, un grupo de amigos a quienes la inquietud en conocer, estudiar y rememorar este conflicto, los lleva a crear la agrupación Aconcagua Recreación e Investigación Histórica, entidad que tiene por fin, dar a conocer de forma directa, los hechos acaecidos en este conflicto, además de paulatinamente abarcar también la Guerra del Pacífico.

Desde un comienzo la agrupación se ha dedicado de forma autónoma a replicar los uniformes, armas y equipamiento utilizado en ambas acciones bélicas, para enseñar en lo que se ha llamado “Historia Viva”, es decir, mostrarle al público cómo se verían los personajes de aquella época.  Además de fomentar, incentivar y recrear los hechos de armas acontecidos en nuestra región, generalmente apoyados por maquetas, exposiciones recreación de armas y uniformes utilizados en dicha contienda, así como también visitas y caminatas a lugares de las batallas y sitios importantes relacionados al tema.  Se han realizado exposiciones y participado en el Museo Histórico Militar de Santiago, Museo Naval de Valparaíso, Museo de Placilla, Museo de Concón, Congreso Nacional y actividades en diversas comunas.

Es así como con el paso de los años, la agrupación ha ido creciendo llegando en la actualidad a doce participantes habituales, además de contar con el apoyo de diversas agrupaciones relacionadas con la recreación histórica.

En el año 2019, uno de los hitos más importantes de Aconcagua ha sido la participación en las actividades de recreación de la Batalla de Placilla, en donde una gran cantidad de público se dirigen al lugar mismo del conflicto y pueden observar de manera directa las acciones bélicas.

Otra de las actividades ha sido rescatar de la memoria el Batallón Quillota, quienes participaron en la Guerra del Pacífico y Guerra Civil.  Es así como este año se participó en el día del Patrimonio en la ciudad de Quillota.

En el futuro se espera poder continuar con la recreación histórica, uso de uniformes, charlas, además de investigación profunda y acabada de estos dos conflictos que han marcado la historia de nuestra nación.

El grupo Aconcagua tiene páginas en redes sociales, donde interactúa con amigos, investigadores e historiadores sobre temas de interés sobre la Guerra del Pacífico y Guerra Civil de 1891.  Sumado a esto el recrear los uniformes, armamento y equipamiento utilizado por soldados de la época.


Nicolás Oyanedel





Las imágenes recrean la Batalla de Concón, recreación efectuada el 17 de agosto del presente año.
En ellas están retratados ambos ejércitos; los de azul tipo Guerra del Pacífico son los Balmacedistas y los de blanco los Congresistas.



domingo, 1 de septiembre de 2019

El Teatro en Quillota, iniciando el siglo 21






Inger Turra y Jenniffer González. “El Delantal Blanco” versión 2015. Teatro Estrella Solitaria.


Como profesional de las artes escénicas y después de haber podido conocer la realidad de diferentes regiones del país, ya de regreso viviendo en mi ciudad natal tuve la inquietud de saber sobre lo que se había hecho en Quillota en décadas anteriores y reflexionar sobre su presente respecto al teatro.En Antofagasta pude conocer el legado de la familia Latus, concretada en el actual Festival de Teatro Internacional Zicosur, o los temporales Teatrales de Puerto Montt y el circuito de teatristas de la misma comuna que trabajaban de forma asociativa para generar público y creaciones locales, La Serena y Coquimbo con el surgimiento de Teatro Puerto, los festivales Carnavalón de Arica, o FitDanz de Iquique y, de forma muy cercana, la herencia y trabajo de creación teatral en Valparaíso desde las antiguas ramificaciones de la Universidad de Valparaíso como sede de la Universidad de Chile, el teatro callejero encabezado por Juan Edmundo González, Escuela Teatro La Matriz y la actualidad con la UPLA, la UV, DUOC y en particular la compañía de Teatro La Peste y el Festival Teatro Contenedor, sin contar al Museo del Títere y el payaso y muchos más.Todas iniciativas de diferentes características y circunstancias, con un punto en común: Creadores con total o parcial formación académica y con una continuidad de proyectos creados que generan público y ganan espacios en el cotidiano de sus ciudades.
¿Y Quillota?
Siendo escolar en los noventa, me tocó participar y ver encuentros de teatro escolar (Gracias padre por llevarme, gracias madre por instarme a atreverme y gracias María Luz Cortés por todo) pero sin oportunidades de ver compañías de forma regular. Importante destacar que era un adolescente común y corriente, es posible que sí hayan existido oportunidades y simplemente no me haya enterado o, peor, en ese momento simplemente no me hayan interesado; aun así, haciendo un esfuerzo de memoria, no recuerdo haber sabido de una obra ni en la plaza de armas o en el antiguo Teatro Municipal Ex Cine Diego Portales.
Es decir, en Quillota, profesionalmente, no pasaba nada respecto a teatro.
Ya instalado en Quillota de regreso paulatino desde la capital cerca del 2003, busqué conocer grupos que realizaran teatro en la zona y lo que encontré eran jóvenes de intereses similares pero que funcionaban de manera atomizada y con trabajos que tenían como objetivo hacer una o dos funciones; es decir, su trabajo moría sin un real impacto en la comunidad a la que pertenecía.; sus formatos eran convencionales (Función, citar al público, morir) Los conflictos entre grupos eran variados y un poco pintorescos, no ayudando a ver que existiera un real “movimiento” teatral en la comuna. Sin colaboración, sin complicidad, peleando por pequeños rangos de poder que, en verdad, de poder no tenían nada.
Con el paso del tiempo se fueron sumando profesionales y espacios de aprendizaje en talleres escolares, estudiantes universitarios en las carreras que podían tomarse en Valparaíso y con gente que había pasado por la experiencia del Taller de la Casa de la Cultura. Pero nada en absoluto aún se asemejaba a poder manifestar que existiera un “Teatro Quillotano”, un movimiento artístico o referentes que marcaran pauta sobre qué y cómo hacerlo.
Inquieto por tener información, empecé a indagar y encontré el nombre de don Rodolfo Godoy, antiguo profesor del taller de teatro del Colegio Nuestra Señora del huerto y que, además, había tenido experiencia como director de teatro de diferentes grupos en la comuna, desde la década del 60 en adelante.
Don Rodolfo tuvo formación en Quillota en un experimento educacional décadas antes, ejerciendo como monitor de teatro; eso le permitió trabajar con grupos de adultos profesionales y realizar clases a diferentes generaciones de alumnos. Formó también un grupo de teatro en la desaparecida Fábrica Rayón Said y, como muchos artistas de la zona, durante la dictadura tuvo que conformarse con los escasos espacios de reunión social para llevar adelante proyectos artísticos. En realidad, la maravillosa experiencia de don Rodolfo requiere un capítulo aparte, así como también el trabajo llevado adelante por Marcos Rojo y Toño Suzarte, oasis itinerantes en este desierto teatral que es Quillota.





Marcos Rojo y Gloria Labarca. Teatro La Feria.


Eso sí, tomando como inicio el trabajo desde los grupos de don Rodolfo Godoy, pasando por el inicio del Taller de Teatro Municipal (El famoso Talymel) a cargo del profesor Juan Toro, y considerando el inicio de grupos paralelos con intereses en hacer teatro a principio del siglo 21, lo que veo en retrospectiva son espacios de formación y prueba en donde muchas generaciones de niños, jóvenes y adultos pudieron experimentar in situ el desafío de ser parte de un grupo de teatro, desarrollar un proceso creativo y presentarse ante un público con interés en conocer su trabajo, en un formato semi amateur; no un desarrollo de teatro profesional que tuviera como ingredientes propuestas interesantes y exportables fuera de la comuna, con una disciplina colectiva que le diera proyección en el tiempo y en la región; menos trabajos que tuvieran que ver con identidad local (Salvo el caso del “Pa´que no me olvides”).
El caso de los mencionados Marcos Rojo y Toño Suzarte es muy explícito; profesionales en su oficio, desarrollaron su trabajo itinerando e incluso radicándose fuera de Quillota, ya que la propia comuna no daba facilidades para desarrollarse artísticamente. Obvio, sin público ¿Qué puede hacer un actor? Mismo ejemplo de Rodolfo Bravo, criado en la CORVI, se fue de la comuna en una iniciativa absolutamente personal siendo muy joven y terminó siendo un referente en el Teatro de la Universidad Católica, profesor formador, actor de teatro, cine y televisión, ganando el APES el año 2001, justo antes de morir en un accidente de tránsito. Otro oasis en el desierto del teatro quillotano.
Podría divagar respecto a lo que es realmente la formación de público, pero también es tema para otra oportunidad.
Mencionado todo lo anterior, lo que continúa es el poder conjeturar preguntas que ayuden a darle forma a algo que podría llegar a ser un “teatro quillotano” o mejor dicho, que “exista teatro en
Quillota”.
¿Es necesario?
Es necesario considerando que Quillota es una comuna en riesgo de ir perdiendo paulatinamente su identidad de la mano de la globalización y la llegada del comercio transnacional, además del sistema de comunicación que propaga manifestaciones culturales que no tienen relación con las historias locales, propias, familiares, de la gente que vive en la comuna.
Es necesario porque el contar con un espacio que permita el desarrollo de los artistas locales, potencia el acceso a la reflexión y el crecimiento de la masa crítica de una comunidad, el goce estético no es exclusivo de una geografía o grupo social, y se convive como una instancia de fortalecimiento de nuestro tejido social y la percepción de nosotros mismos.
Es necesario, porque a la destruida memoria nacional se está agregando hace tiempo la desaparición de la memoria familiar. La herencia de mitos e historias locales se ha ido extinguiendo, teniendo niños y jóvenes que no saben por dónde pasaba antes el tren, o dónde estaba el Estadio Arredondo, solo por dar ejemplos referentes a la historia de la comuna.
¿Qué hacer para forjar un teatro quillotano?
Dentro de las barreras que un creador teatral debe enfrentar, está la falta de espacios y la necesidad de asociarse con otros artistas que tengan mayor o menor experiencia en artes escénicas.
En este momento, Quillota cuenta con espacios formales e informales (Teatro Rodolfo Bravo del Centro Cultural, Centro de Promoción de la Cultura, Salón Escuela Artística Roberto Matta, Plaza de Armas de Quillota, Sedes de Juntas Vecinales…) algunos con público en crecimiento y otros en desafío de formación sectorial.




Natalia Zúñiga, Ludo Torres y Freddy Van Dort.  Teatro Ánima.


En este momento, en Quillota conviven diferentes actrices y actores con formación completa e incompleta y experiencia valiosa en montajes profesionales. Artistas que ya han realizado procesos con muy buenos resultados. Natalia Zúñiga ha trabajado Teatro Lambe Lambe y se ha sumado a Teatro Ánima con Freddy Van Dort y Ludo Torres en montajes familiares de muy alto impacto en público de la zona; Carlos Garrot lleva adelante un Taller de Teatro Adulto que presentó una sólida versión de La Brutas de Juan Radrigán, Andrea Munizaga, actriz y comediante continuamente está en la zona apoyando la llegada de espectáculos de Stan Up Comedy a la comuna; Fabián Brito ha realizado intentos en teatro desde Valparaíso, participando en proyectos audiovisuales con Sandra Salazar, otra actriz titulada del DUOC de Viña del Mar; Angie Carrasco, Madelaine Olivares, Alondra Alam. Actrices profesionales egresadas de las escuelas universitarias de Valparaíso.
Es decir, existen espacios y elencos con formación profesional como no había antes en Quillota.
Hay una base sólida para que se forjen propuestas y se concreten puestas en escena que hablen y visibilicen Quillota. Falta la instancia que los convoque y produzca el inicio de un viaje, sin necesidad de caer en lugares comunes que “agraden” a los habitantes o a quienes tienen un rango de poder en la comuna. Quillota ofrece de todo para llevar adelante ese desafío. Desde hablar de la Beatita Benavides hasta el Loco Alfaro, tomar el terremoto del 2010 con el asesinato del Juez Silva, la historia del San Luis de Quillota o la procesión del pelícano, hablar de la Radio Chacabuco o de Sergio Meier, tocar la reacción de Quillota en una misa multitudinaria a favor del Rey de España en contra de Napoleón o el Asalto a la Patrulla, el motín contra Portales o la llegada de Gonzalo Calvo Barrientos, la familia de Carmela Carvajal, los sicópatas de Viña ajusticiados en la comuna…
¿Se aprovecharán todas estas oportunidades para que los actuales artistas de Quillota tomen el desafío?

¿Hay interés en hacer historia, comunidad, mediación, en estos temas?



Ivo Herrera Ávila

viernes, 16 de agosto de 2019

El puente que une a la ciudad, el río Aconcagua y la localidad rural de Boco




Vista general del puente unidireccional de madera sobre el río Aconcagua



Los antecedentes sobre la existencia temprana de un puente que comunicara a la ciudad con la localidad rural de Boco y sus alrededores es prácticamente ninguno. Relatos de los cronistas españoles del siglo XVI y XVII no explicitan sobre el asunto aunque sorprende el hecho de haber identificado canales y cuantificar las acequias –seguramente concomitantes a grupos indígenas– que se encontraban en el valle (De Bibar [1558], 1966; P.37).  
La información del siglo XVIII si bien apunta a describir las obras públicas, pero circunscritas dentro del plano urbano de la Villa de San Martín de la Concha. Así, hacia 1773 se habían contabilizados la refacción de nueve puentes distribuidos entre la Plaza Mayor y las calles principales que van al centro (Harris, 2013; P.422). Las mencionadas obras estaban unidas a otras para la comodidad de los vecinos y, por lo tanto, las rentas obtenidas eran utilizadas íntegramente para el adelanto y consolidación de la villa.
En ese contexto cabe preguntar ¿qué ocurre en el siglo XIX? Un testimonio acaecido en 1822 señalaba lo siguiente: “Nuestra ruta seguía aguas arriba del río; después de vadear varios de sus canales, que en esta época del año son de ordinario muy correntosos, nos hallamos en los linderos de un pequeño bosque, poblado a trazos por chozas de barro” (Mathison [1822], 1928; P. 41).
Este relato describe características del río y del paisaje que tenían a la vista Gilbert F. Mathison y su acompañante mientras tomaban dirección hacia la pequeña ciudad de Quillota. La entrada a la ciudad viniendo por la costa estaba condicionada por el vado –en las inmediaciones de Colmo– que permitía franquear el río antes de la desembocadura.    
Algo similar sucedía años después con Benjamín Vicuña Mackenna. Antes de retornar a la hacienda Santa Rosa de Colmo de la que era poseedor, tuvo ocasión de cruzar el río en dirección a lo que denominaba la “Chimba de Quillota” con estas palabras: “Cruzamos allí mismo el río en dirección a Boco que no es Boco, sino la Chimba de Quillota i habiendo discutido con hospitalaria malaya, irrigada con deliciosa chica en casa de nuestro buen amigo Andrés Fernández...” (Vicuña Mackenna, 1885; P. 227).        
Aunque sin entregar mayores detalles del modo en que ingreso a Boco, debió haber recurrido a un antiguo paso para llegar a degustar de tan deliciosa hospitalidad o por el contrario el haber llegado por medio de otra vía. Una comunicación por oficio fechada el 17 de mayo de 1862 recibía la Municipalidad de parte del gobernador Luis Lynch sobre la construcción de un puente sobre el río de Quillota. Aquello de inmediato trae consigo preguntarse ¿se habría llevado a cabo?; ¿hubo más noticias sobre tan importante anuncio?
En 1874 un noticiero local que, entre otras cosas informaba sobre las quejas de los vecinos de calle Bulnes ante el desborde de aguas de las acequias entre  Bulnes y  calle Carrera, hacía mención del sector de Boco en los siguientes términos: “En Boco no hai un camino que se halle en regular estado; por aquí y por allá tropiezan los transeúntes con grandes pantanos a consecuencia de los derrames de agua. Las acequias no tienen puentes, y si alguna de ellas las hai, son más bien verdaderas trampas propias para dislocarle una pierna al prójimo que se atreva a pasar por ella sea a pié o a caballo” (El Correo, 1874).
Tal como pudiera advertirse no hay mención del puente que en última instancia uniera tanto al sector urbano como rural, sino que más bien se mantenía la lejanía y separación entre ambos espacios.
La situación cambia hacia 1906, cuando las autoridades de turno anunciaban el término de los trabajos del puente sobre el río Aconcagua en lo que sigue: “Próximamente a terminar los trabajos y entregarse el servicio al público del puente construido sobre el río Aconcagua  frente a esta ciudad, se ha impuesto esta alcaldía del mal estado en que se encuentran los caminos desde el puente hacia Boco, la falta de puente en un arroyo y el deterioro en que se hallan los demás sobre los canales de regadío” (Montero, 2018; P.160).
La estructura de madera, sin embargo, era susceptible a los embates de la naturaleza y, sobre todo, a los incendios. Estos últimos, tenían su origen en las colillas de cigarrillos y fósforos que prendían el guano depositado entre las ranuras del puente por carretas y coches de tracción animal. El 4 de enero de 1907 tomaba conocimiento el intendente de Valparaíso del incendio sucedido en el puente de madera en lo que sigue:
“…por cuarta vez –informa el gobernador Teodosio Figueroa– se ha producido un principio de incendio en el puente que une a esta ciudad con el pueblo de Boco, a consecuencia que el piso del puente está a descubierto i entre sus ranuras se amontona guano que una vez seco se inflama al contacto de fósforos o colillas de cigarros encendidos que arrojan a él los transeúntes (Vol. 1200; 1907).
Con fecha 30 de abril de 1909 se anunciaba por parte del gobernador Eduardo Jiménez Caro el cambio de las tuercas que sostenían al puente en estos términos: “El puente sobre el Aconcagua que une a esta ciudad con la poblaciones de Boco i Rautén, exije algunos pequeños arreglos que ya fueron indicados en la memoria anterior i se refiere a cambiar por tuercas de fierro las tuercas de madera que se colocaron primitivamente i reforzar uno de los machones que ha sufrido desperfectos por el empuje de las aguas” (Vol. 1234; 1909).  
Además el gobernador solicitaba el trabajo de pontoneros para su vigilancia diciendo: “…en el puente sobre el Aconcagua se hace preciso establecer el servicio de pontoneros encargados de su vigilancia i proporcionándoles las herramientas i útiles necesarios para los arreglos que en ellos fuera menester ejecutar”. 
En 1932 el alcalde Rafael Pinochet solicitaba al gobernador del departamento de Quillota, Eduardo Rivera, la ayuda necesaria para el mejoramiento del puente de madera y el camino que conduce a Boco. A través del Ministerio de Fomento, pudo obtenerse los recursos necesarios para las obras de reconstrucción del puente. Corría el año de 1934, cuando esto sucedía. Al abrirse al público, los vehículos que se movilizaban de un lado a otro contaban con una especie de pequeñas entradas que hacían las veces de miradores y allí se detenían para dar paso al que venía en sentido contrario.
Hacia 1953 un fuerte temporal elevó considerablemente las aguas del río Aconcagua y la fuerza de éstas arrasó con gran parte del antiguo puente. Este hecho de la naturaleza provocó la instalación de un terraplén que avanzó hacia el río por parte del personal de ejército y, en consecuencia, disminuir la longitud del puente de una orilla a otra. Con fecha 19 de julio de 1954, el técnico e inspector fiscal del departamento de puentes de la dirección de vialidad del ministerio de obras públicas, Jorge Briceño Ubilla, daba cuenta sobre la iniciación de los trabajos de construcción de una casita de madera de las proyectadas por el departamento de puentes, con el objeto de instalar la inspección fiscal de las obras (P.330-331). Aquello, en consecuencia, era el aviso oficial en la construcción del nuevo puente sobre el río Aconcagua.
No cabe duda que la moderna estructura de concreto sería objeto de atracción, sin embargo,  con fecha 6 de junio de 1955  la principal autoridad de la comuna hacía indicación para activar la construcción del puente de Boco (P. 234). Dicha indicación dejaba en suspenso la continuidad de los trabajos y que según otra información, no sería si no hacia el 19 de noviembre de 1956, cuando el regidor José M. Carrasco proponía el nombre del ex ministro de obras públicas para reconocer a “quien se ha distinguido por las obras públicas de progreso con que se ha beneficiado a la colectividad de la comuna como es la construcción de la población n°2 Quillota, el puente de Boco, nueva red de alcantarillado, etc”(Montero, 2018 P. 272).  

De este modo se venía a superar la división que el río con su fuerza imponía gracias al empleo de una materialidad distinta y, por lo tanto, quedaba consolidado el primero y, con seguridad, el único vínculo preponderante entre la ciudad, el río y la localidad rural de Boco. 

Pablo Montero Valenzuela




Referencias Bibliográficas
ARCHIVO NACIONAL.
Fondo Intendencia de Valparaíso. Vol. 1200. 1907.
Fondo Intendencia de Valparaíso. Vol. 1234. 1909.
ARCHIVO HISTÓRICO DE QUILLOTA.
Colección Prensa de Quillota. N°8. Mayo 16 de 1874.
Fondo Municipalidad de Quillota. Acta del 19 de Julio de 1954.
Fondo Municipalidad de Quillota. Acta 6 de Junio de 1955.
DE BIBAR, Jerónimo. Crónica y relación copiosa y verdadera del reino de Chile [1558]. Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina. Santiago de Chile, 1966.
VICUÑA MACKENNA, Benjamín. Al Galope. Imprenta Gutemberg. Santiago de Chile, 1885.
MATHISON, Gilber. Santiago y  Valparaíso ahora un siglo.  Relato de un viajero inglés [1822]. En: J.T. Medina. Opúsculos Varios. Tomo III. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile, 1928.
HARRIS BUCHER, Gilberto. “El juicio de residencia del corregidor y justicia mayor de la Villa de San Martín de la Concha Joachen Bárcarcel en 1777”. En: Revista de Estudios Históricos –Jurídicos. Valparaíso Chile, 2013.
MONTERO VELENZUELA, Pablo. “Historia Administrativa y Urbana de Quillota 1810-1996”. ATG. Santiago de Chile, 2018.