lunes, 22 de agosto de 2022

Una excursión a Quillota hace dos siglos




"Escenas en una feria en Chile"; dibujo de Peter Schmidtmeyer; litografía coloreada de George Johann Scharf.

 Un registro gráfico del Quillota de hace doscientos años. 


Peter Schmidtmeyer, (1772 - 1829), fue un viajero inglés que recorrió Sudamérica entre los años 1820 y 1821 y se interesó en retratar el carácter exótico del recorrido entre Buenos Aires y Santiago. El libro, registro de su viaje: Travels into Chile, over the Andes, in the years 1820 and 1821, with some Sketches of the Productions and Agriculture; Mines and Metallurgy; Inhabitants, History and other Features of America; particularly of Chile and Arauco...  incluye treinta grabados de varios litógrafos extranjeros: Rowney y Forster, C. Motte, Antonio Aglio y G. Sharf.

 

“Los cerros de Valparaíso, que inmediatamente después de las lluvias se habían decorado con un poco de verdor habían vuelto gradualmente  a su color pardo y la primavera había avanzado más allá de la mitad del camino hacia el verano, cuando aproveché de cierta holganza para hacer una excursión a arriba del valle de Quillota.  Todos los días vienen, muchos pequeños chacareros a caballo desde allí a Valparaíso, donde se coloca la mayor parte de la producción.  Una costumbre característica de la región de Sud América que he visitado, muy diferente a la mayoría de los países de Europa, es que las mujeres muy raramente se ven en los caminos con carga de producto alguno de las chacras, o atendiendo puestos del mercado o tiendas, o haciendo algún trabajo de campo.  Su tarea es mucho más doméstica allí.  Aunque se extrañe mucho la falta de industria en general, y particularmente la educación y empleo de los niños, sin embargo el viajero no se siente molesto de ver a las mujeres haciendo duras tareas y llevando cargas pesadas, mientras los hombres fuman, pasean y andan a caballo de acuerdo a su placer, como sucede en algunos otros países, donde a las primeras no solamente se les hace hacer trabajo asignado a su sexo por la naturaleza sino otros más todavía, que son mucho más adecuadamente o reservados para los hombres.

 

La ciudad de Quillota parece contener unos dos mil habitantes y probablemente hay otros tanto distribuidos en la vecindad.  La agricultura de sus campos no respondió a las esperanzas puestas allí, estaban muy llenas de nabos silvestres y otras hierbas, y las plantas de cereales, frijoles, papas y otros productos parecían débiles y pobres, pero, a fuerza de abundante humedad artificial y sol continuo a pesar de su aspecto nada prometedor, el fruto sale bondadosamente.

 

Los frijoles se colocan en filas y matas, dejándose caer varias veces semillas en cada hoyo.  El cultivo de la papa es muy parecido al nuestro y los canales de irrigación entre las líneas forman un montículo para las plantas.

 

Este último producto se encuentra en los mercados de Santiago y en algunas ciudades, pero no se consume en abundancia.   Durante todo el viaje a Huasco y otras excursiones, muy raramente la encontramos, ya sea debido al suelo, la labranza o la falta de cuidado en renovar las clases y propagar las mejores.  En este país son considerablemente inferiores a las buenas papas de Europa, pues son acuosas y de color desagradable.

 

 


"Arando un campo de Chile"; dibujo Peter Schmidtmeyer; litografía de George Johann Scharf.

 

En la plaza pública de esta ciudad había una feria, donde, como en otros países para esta ocasión, el comer y el beber formaban un rasgo sobresaliente.  Las diversiones principales consistían en jugar a una especie de juego de rouge et noir, por varios artículos a los que se apostaba dinero o por una polla de dinero.

 

Una multitud de hombres rodeaba cada puesto de juego, mientras las mujeres permanecían en chozas construidas con ramas, sentadas a lo largo de sus costados, escuchando a una cantante con un arpa o una guitarra.  Muchos hombres también solían entrar o permanecer horas enteras junto a ellos para escuchar las canciones, lo cual indica que ésta es una diversión muy favorita.  Así pasó el día y a la noche se hicieron exhibiciones de fuegos artificiales de naturaleza tan complicada que hubieran hecho un buen espectáculo si hubieran tenido mayor éxito.

 

Acabados estos, los chilenos se fueron a casa, generalmente en estado muy animado y un poco ebrios, corriendo carreras, excitando y espoleando de repente sus caballos con una especie de frenesí y frenándolos de tan en seco como podían contenerlos, deporte al que muy aficionados, haciéndose tretas entre sí y tratando de desmontar al otro.  Pero cuando se hallan bajo el efecto de mayor o menor embriaguez, todavía manifiestan en forma notable la alegría y ecuanimidad naturales de su temperamento.  Aunque están prontos a la maldad si se irritan, no hay disposición menos pendenciera que la de ellos.

 

Habiendo dejado Quillota y proseguido por el valle, su bella escena montañosa, me recordó mucho la de Argyleshire, cuando se observa desde le Clyde abajo de Greenock.  Los terrenos bajos se ensanchaban y mejoraban, había más verdor que le hubiera visto en cualquier otra parte, aunque  muchos se los dejaba desiertos y el río los hacía inadecuados.

 

Solo y afortunadamente sobre un caballo fuerte y alto, el error de la palabra punta por puerto fue la causa de que vadear  en lugar de pasar sobre un puente, el río Quillota, ahora Aconcagua, que por medio de una buena mojadura descargó su desilusión al no poder arrastramos en su corriente crecida y fuerte.  El puente, de construcción indígena, con cañas y sogas, ofreciendo una vista muy pintoresca, estaba detrás de una roca sobresaliente que formaba una punta, a unos pocos cientos de pies de mí”.

martes, 21 de junio de 2022

Alfareros Ancestrales del Valle de Quillota



Trinacrio, Escudilla bícroma. Alfarero Intermedio Tardío 900- 1470 d.C. Código de pieza: MCHAP 3102


El angosto y ruiseño valle de Quillota o de Chili(1), regado por las aguas del río Aconcagua encajonado por los cordones del último valle transversal, por la fertilidad de sus tierras, clima templado y privilegiada localización arqueo-astronómica, fue temprano asentamiento de diversos complejos culturales agro-alfareros(2): Bato, Llolleo y Aconcagua Salmón, quienes recibieron la influencia Diaguita-Molle(3) , Tiawanaku, Inka(4)  y finalmente la invasión y dominación hispánica.

Luego del análisis de 31 sitios arqueológicos localizados en las comunas de La Calera, La Cruz, Quillota, San Pedro y en el curso inferior del río Aconcagua. Investigación que incluyó observación de enterratorios, piezas cerámicas y líticas, además del estudio bioarqueológico y documental; para los investigadores: Ávalos, Saunier y Venegas(5),  la riqueza arqueológica de la zona, su alto poblamiento documentado desde el Período Alfarero Temprano en adelante, su ubicación geográfica estratégica, que la configuran como una zona de frontera, de tránsito y contacto entre culturalidades del Norte Semiárido y de la Zona Central del país, hacen de ella un objeto de investigación fundamental para entender la articulación entre los grupos prehispánicos no sólo del curso superior e inferior de la cuenca, sino también de Chile Central y hacia sectores trasandinos.

Para Ávalos y Saunier las diferencias entre las culturas Bato y Llolleo estarían dadas por las características del entorno inmediato, lo que no solo implicaría una distinción en el ámbito económico, sino que, además, aquello se vería reflejado en la esfera de lo social y lo simbólico(6).

Por su parte la arqueóloga Lorena Sanhueza(7) plantea una coexistencia pacífica de ambas culturas por siglos ya que si bien ambos grupos presentan cerámica, patrones de asentamiento, dieta y entierros que los distinguen entre sí, aunque su presencia muchas veces se superpone en una misma área produciéndose la incorporación a la dieta local la quínoa, el maíz y el zapallo.

Más de mil años de convivencia podrían haber generado algún tipo de conflicto, pero no lo refleja la evidencia arqueológica. Un factor determinante sería la baja densidad poblacional, por lo que si bien ocupaban los mismos recursos y espacios, no debió existir competencia por ellos.

Los caseríos, construidos de material vegetal no habrían sido aldeas, sino más bien caseríos donde había desde viviendas únicas y aisladas, hasta otras que habrían sido habitadas por grupos familiares más grandes.

Los Llolleo, en particular, enterraban a sus muertos en grandes cementerios junto al lugar de residencia, lo que ha facilitado el hallazgo de su cerámica y restos arqueológicos. Toda la cerámica hallada tiene huellas de uso, lo que significa que era empleada en las actividades cotidianas, pero en el momento del ritual mortuorio se depositaba con las personas fallecidas. Como curiosidad, junto a los niños no se han encontrado juguetes, pero sí vasijas en miniatura que parece fueron hechas por o para ellos.

Uno de los planteamientos que Ávalos y Saunier infieren de la evidencia arqueológica se relaciona con el surgimiento de la Cultura Aconcagua a partir de las alianzas entre las culturas Bato y Llolleo. En este sentido, sostienen: la tesis de una continuidad biológica entre las poblaciones Bato-Aconcagua en la costa y Llolleo-Aconcagua en el interior, y un cambio cultural asociado a nuevas condiciones sociales, relacionadas con cambios ambientales en el medio, lo que en definitiva confirmaría el origen local del poblamiento prehispánico durante el período Alfarero en Chile Central.

La economía de los grupos Aconcagua estaba centrada en una agricultura de tala y roza, principalmente para la producción de maíz, quinua, porotos y zapallos. La recolección de vegetales silvestres ocupo también un lugar importante, especialmente en el caso de los frutos del algarrobo. La caza proveía de recursos animales, ya que sólo tuvieron ganado a la llegada de los inkas. En la costa explotaron recursos marítimos, especialmente mariscos, los cuales eran llevados hacia el interior.

Por lo general se enterraba a los muertos en fosas individuales o colectivas sobre las cuales se construía un montículo de tierra. Esta forma de inhumación en “túmulos”(8)  fue descrita por los cronistas, quienes señalaban que los difuntos eran vestidos con sus mejores prendas y depositados juntos con ofrendas de maíz, porotos, semillas, piezas de cerámica y otros objetos como aros de cobre, collares y otros objetos(9).

La alfarería es lejos la expresión más conocida de la cultura Aconcagua. Si bien la cerámica utilitaria sin decoración, de color café y superficie alisada con la cual se confeccionaban ollas y cantaros, era la más común, destacan piezas más elaboradas con diseños de color negro sobre la superficie naranja de la arcilla. El decorado es casi siempre lineal formando diseños geométricos, en zigzag, líneas rectas, “triángulos con pestañas” y, especialmente, un típico diseño de aspas denominado “trinacrio”. En su mayoría, estas vasijas corresponden a escudillas con diseños en la superficie exterior. El trabajo en piedra también fue una artesanía importante en este pueblo, mediante el cual fabricaron flautas e insignias de mando llamadas clavas.

Según Rodrigo Sánchez y Mauricio Massone(10), la alfarería Aconcagua denota un grado de especialización en su manufactura y patrones decorativos, altamente pautados, que dan gran homogeneidad al contexto cerámico en toda el área. Señalan la existencia de centros de producción específicos desde los cuales la cerámica era redistribuida. Este rasgo era compartido con otras culturas andinas, como la incaica, donde la labor alfarera era de la más alta significación social, ya que involucraba aspectos de identidad cultural, intercambios rituales y vehículo para la transmisión de códigos culturales, a través de los diseños y formas cerámicas.

La adscripción étnica de la población Aconcagua a la llegada de los Inkas e hispanos suele asociarse a la de Picunches, Picones o Promaucaes(11).

Si bien en el más de medio siglo de influencia Inka se produjo transculturación y presencia política administrativa efectiva del Kollasuyo en el valle, fue sin duda la conquista y dominación española la que produjo un colapso cultural al destruir las bases de la población, economía, estructura social y cosmovisión aborigen.

Venegas matiza el proceso de resistencia y asimilación basado en las  características societales y económicas de los Aconcagua, Promaucaes y los Mapochoes.

Para Pedro de Valdivia el control de la frontera del Aconcagua era la base para asentar la colonización. Tal objetivo, se vería concretado en la construcción de la Casa Fuerte de Quillota en el valle de Chile.

Las comunidades aborígenes sobrevivientes fueron asimiladas vía mestizaje y su cultura mediante el sincretismo colonial. Proceso que implicó el paulatino declinar y desaparición de las tradiciones ceramistas ancestrales.

A principios de la República, bordeando El Mayaca circundaba la “Calle de las Loceras” último vestigio de la floreciente alfarería prehispánica, vía cuyo nombre fue cambiado luego por el de calle Dieciocho de Septiembre(12).


Notas
1 Orográficamente el Valle de Quillota es parte de la denominada Depresión Intermedia y correspondería a uno de los últimos Valles Transversales, en conjunto a las cuencas de los ríos Petorca y La Ligua. Al Sur está separado de la cuenca de Santiago por el cordón de Chacabuco, a partir del cual comienza el llano central chileno. El Boco (sapo – lugar fértil), en donde está situado el recinto de la Academia Municipal de Bellas Artes de Quillota, Sede Artes del Fuego, está flanqueado por un cordón montañoso paralelo al curso del río que proviene desde las alturas de Nogales y se prolonga hacia Rautén (cumbre de greda) y Mauco, siendo cruzado por el antiguo Camino del Inca que salva los Altos del Francés comunicando con Chilicauquén y el litoral de Quintero. Edafológicamente estos cordones son fuente natural de una arcilla de coloración particular y gran plasticidad lo que la convierten en una materia prima de excelencia para configurar una producción cerámica con denominación de origen.

2 La alfarería es una de las tecnologías más revolucionarias de la historia humana y el primer producto completamente sintético hecho por el hombre. Combina tres elementos básicos: la arcilla, los materiales orgánicos o minerales mezclados  para ayudar a que la pasta sea maleable y resistente a la temperatura durante su cocción y/o utilización y el agua que en su debida proporción le otorga su plasticidad. La experimentación milenaria con materiales arcillosos, el modelado y construcción de figuras y piezas y la aplicación del fuego en hornos de diferentes facturas y complejidad con el fin obtener productos -contenedores o con otra funcionalidad-, sólidos, impermeables y perdurables son sus fundamentos, cuyo registro se remontan al Paleolítico Superior.

3 La cerámica Diaguita se caracterizada por diseños geométricos aplicados en dos colores sobre una base de otro color. Este tipo de decoración se encuentra en vasijas de distintas formas (ollas, urnas, jarros-pato, cuencos y escudillas). Se caracteriza por diseños muy complejos, que han sido interpretados como probables representaciones de visiones chamánicas. Muchas veces estas vasijas presentan motivos felínicos o representan personajes con atributos felínicos. La cerámica Molle era mayoritariamente monocroma y finamente pulida, aunque algunas vasijas eran decoradas con pintura blanca, roja y negra, o incisos que realizaban por zonas, con motivos geométricos.

4  Los textiles y ceramios inkaicos en el Kollasuyu combinaron la estética del Tawantinsuyu con los cánones tradicionales locales recibiendo las influencias estilísticas estatales, especialmente en las formas de las vasijas. En algunos casos, cerámica imperial Inka fue regalada a personajes locales de alto rango, en retribución a sus servicios al Estado y como parte de una tradicional política de reciprocidad.

5Arqueología e Historia del Curso Medio e Inferior del Río Aconcagua: desde los Primeros Alfareros hasta el Arribo de los Españoles (300 aC-1600 dC)”. Fernando Venegas Espinoza, Hernán Ávalos González y Andrea Saunier Saunier. Ediciones Universitarias de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, 2011.

6 El rasgo más característico de la cerámica Bato fue la decoración con incisiones lineales enmarcando campos punteados y la pintura en negativo, además de la pintura con hierro oligisto y las aplicaciones modeladas. Algunas vasijas imitaban la forma de calabazas. Fueron comunes las pipas de cerámica, las que solían tener forma de “T” invertida. El tembetá fue un elemento bastante frecuente, siendo más abundante el tipo discoidal con alas, fabricado en cerámica o piedra; con estos mismos materiales confeccionaron también orejeras. La cerámica Llolleo por su parte alcanzó una gran calidad en sus técnicas. Destacan las ollas monocromas con incisos en el cuello y la botellas modeladas con representaciones zoomorfas, fitomorfas y antropomorfas. Son notables los rostros representados con ojos tipo “grano de café”, además de nariz y cejas continuas. Una de las formas más comunes que aparecen en la cultura Llolleo es el llamado “jarro pato” y el uso del “borde reforzado”, dos elementos que indican una fuerte vinculación con la zona sur de Chile, especialmente con la cultura Pitrén.

7 La arqueóloga de la U. de Chile lleva trabajando en el tema desde su tesis de pregrado, en 1997. Ahora la investigadora acaba de publicar, como parte de su tesis de doctorado, el libro "Comunidades prehispánicas de Chile central, organización social e ideología (0-1200 d.C.)", de la editorial Universitaria. Referencia de Vida Ciencia Tecnología, El Mercurio, edición 01 agosto de 2016

8 Jaime Vera Villarroel en su trabajo “Las ruinas indígenas del cerro Mauco de Aconcagua”, Revista Historia UdeC, N° 22, vol.1, enero-junio 2015 destaca dos sitios de túmulos destacados en  nuestro valle: Estadio de Quillota. Tal vez el sitio arqueológico Tardío más importante de todo el Valle de Aconcagua, con más de 150 tumbas descubiertas y un número tal vez igual o superior que se encuentra aún bajo el nuevo estadio. Se recuperaron allí más de un centenar de ceramios ofrendas, instrumental lítico y óseo; pipas de greda; clavas miniaturas; de la cultura Aconcagua y de la ocupación incaica (…) Un vaso Aconcagua Trícromo engobado de rojo Nº 67 del inventario, con influencia incaica, rescatado en 1955, dio una fecha de 1420±45 d.C. Este extenso cementerio tumular, aparece mencionado en la documentación colonial hispánica como “sepulturas e montones de tierra que dijeron ser sepulturas antiguas de indios”….(Real Audiencia  vol. 2850: 70v., 155v. Amojonamiento de tierras pertenecientes a Ursula de Araya en Quillota, 21 Mayo 1591). Rautén. Cementerio de Túmulos Aconcagua con influencia diaguita e incaica en la cerámica. Excavado por A. Oyarzún hacia 1910, y el Dr. P. Martin con anterioridad, aportó numerosas piezas alfareras y dio la base para la definición del “Trinacrio”, como adorno característico de la cerámica Aconcagua Salmón, como la llamó el investigador citado. Rescatan numerosa colección de cerámica Aconcagua Trícroma.

9 La ritualidad de este pueblo parece haber dejado su huella hasta el presente en los actuales Bailes de Chinos -cofradías de pescadores y campesinos que danzan a la Virgen y a los santos patronos- especialmente el uso de una flauta que produce un sonido muy particular, llamado “rajado”, el cual es el mismo que se encuentra en las flautas de los yacimientos arqueológicos Aconcagua. La Cruz de Mayo en El Boco es una de estas festividades.

10 “Cultura Aconcagua”, DIBAM, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 1995 (Santiago : Andros)

11 La denominación Picón se encuentra presente en Bibar (1558), Oviedo y Valdés (1557), Mariño de Lobera (1580). Por otra parte, Pedro de Valdivia (1545), Góngora Marmolejo (1575), Ovalle (1646), Jerónimo de Quiroga) (1690), se refieren en sus escritos a los promaucaes, denominación que es reemplazada en el siglo XVIII por la de picunche, que aparece en 1775 en el mapa de ocupación indígena del territorio de San Juan de la Cruz Cano y Olmedilla. Nota de Durán, Eliana y María Teresa Planella. “Consolidación agroalfarera: zona Central (900 a 1470 d.C.)”. En: Jorge Hidalgo, Virgilio Schiappacasse, Hans Niemeyer, Carlos Aldunate e Iván Solimano (Eds.), “Prehistoria. Desde sus orígenes hasta los albores de la conquista”. Editorial Andrés Bello. Santiago. 1989.

12 “Aquella callejuela estrecha y pobre, con humilde rancherío que existió a los pies del Cerro Mayaca, y en donde mujeres de tipo indígenas o mestizas trabajaban la alfarería:  ollas, platos, cántaros, etc., recuerdos dejados de la invasión  incásica.  Esta calle se llamaba entonces Calle de las Loceras; la misma que hoy se llama calle Dieciocho”.  Belarmino Torres Vergara, “Historia de Quillota”, 1957.





miércoles, 25 de mayo de 2022

25 de mayo en Quillota: Estrada, Clark y Sarratea



Un día como hoy, hace 153 años, compartieron una tertulia en nuestra ciudad notables personajes reunidos con motivo del aniversario patrio de la República Argentina.

De las palabras del periodista y diplomático argentino, ya referido en este blog, Santiago Estrada (1835-1891), conocemos algunos pormenores de la velada acontecida en el domicilio quillotano del Dr. Mariano Eleuterio de Sarratea Figueroa (1815-1886), jurisconsulto y periodista argentino, que fue cónsul y ministro plenipotenciario en Chile en 1864 y 1878, nombrado por Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda, respectivamente. Ferviente patriota y contrario al gobierno de Rosas en Buenos Aires, vivió una activa vida comercial, política e intelectual en su exilio en Valparaíso. Según nos informa la investigación de Manuel Romo Sánchez (1), ingresó a la Logia Masónica “Unión Fraternal” en 1854.  Luego de enviudar, contrajo segundas nupcias, en 1861, con Esther de Tezanos Pinto Grimwood con quien era propietario de una residencia en nuestra ciudad y a la que él daba el nombre de “La Gruta; tanto este domicilio como el del Puerto eran centro de reunión de intelectuales argentinos refugiados en tierras chilenas (2).



Mariano E. de Sarratea, autor: Helsby y Ca. 1865. Biblioteca Digital “Trapalanda”, República Argentina.

Compartía la mesa, además, el porteño Juan Clark Torres (1840-1907), quien sorprendería a sus contertulios con la nueva de la concreción del anhelado proyecto de un telégrafo trasandino (3). Juan junto a su hermano Mateo, también empresario e ingeniero, eran parte de la acomodada familia, avecindada en Valparaíso, formada por el irlandés James Clark y la argentina doña Matea de Torres y Quiroga.

El relato de Estrada, -cuyo retrato y datos biográficos a pie de nota hemos tomado de La Ilustración Española y Americana” (4)-, lo hemos encontrado publicado en la revista bonaerense “Caras y caretas” del 25 de mayo de 1918; y fue originalmente parte de la recopilación denominada “Miscelánea”, editada en Barcelona, 1889 (5), con motivo de su nombramiento como Miembro correspondiente de la Real Academia Española:     


Corría  el  año de  1869,  cuando, por  primera vez, salimos del  país  con  rumbo al extranjero.

Empleados en la  Legación de  Chile,  nos  tocó celebrar  el  glorioso   aniversario  en  la  ciudad de  Quillota y  en  casa  de  nuestro compatriota Sarratea, donde  él había reunido á Frías, Ocampo,  Beeche,  Villanueva.,  Portal, Viera  y Ortiz, restos de la  emigración argentina. En  la mañana  del mismo día,  publicamos en El Ferro­carril, de Santiago, un artículo que  condensaba el pensamiento íntimo  de  todos  los que,  entre flores, banderas y músicas, transportados en espíritu á  la  patria,  vieron brillar en  el  cielo batido por  el temporal de la tiranía, el arco  iris mensajero de bonanza.

A los postres del banquete, interrumpidos por los  acordes  del   Himno  Argentino ejecutado por  la  banda militar de  Quillota, enviada por el  Gobernador, Clark  anunció,  al   llegarle  el turno de brindar, que ya era una realidad el proyecto de extender un  hilo  eléctrico al  través de los Andes. Los  cohetes y  las  luces  de  Bengala  de  los fuegos  artificiales, preparados en  el jardín, coronaron dignamente las palabras del iniciador de esa  hermosa empresa.

Á las  once  de la  noche  recorríamos la  Plaza de  Quillota, alumbrada por  una  luna   pálida  y velada de rato en rato, coordinando las  emociones de aquel  día, en que nos dimos cuenta de lo que  importa para  el viajero y el desterrado, un aniversario nacional  pasado en  tierra extraña. No  pudimos dormir  en   toda  la  noche, escuchando con el oído  de la memoria el eco solemne de  Frías, la  palabra impetuosa. de Sarratea, el concepto  afectuoso  de  Ocampo, la  frase  chispeante  de   Ortiz,  y  el   discurso meditado de Villanueva. El  alba  nos  sorprendió desvelados. El  nuevo   día  nos  guardaba otras emociones: íbamos á  ver  el  mar,  después de  muchos meses de  residencia en  una  ciudad mediterránea, y á estrechar por  primera vela mano  á parientes desconocidos residentes  en Valparaíso.

El murmullo de  las  olas del  Pacífico, predominando sobre  el  ruido del  tren, nos  sorprendió en las inmediaciones de ‘Viña del Mar’. Creímos escuchar los  acentos de las  olas  del Atlántico, en cuyas  orillas hemos  nacido, y con ellos  el  rumor  tumultuoso  de  las  ciudades del Plata, en  ese  momento á  la. mitad de  la  tarea diaria, cuando el afán crece, movidos  la  inteligencia y  el  brazo   por  la  esperanza  de  que  la tarea rinda más  que  en  las   anteriores veinti­ cuatro horas.

Con   el   corazón  dilatado   por   el   ambiente marino, penetramos en  la  casa   de  los  deudos que nos aguardaban. Desde  la  hospitalidad hasta el  pan, todo  nos pareció argentino;  y  volviendo á  pensar  en  la fiesta  de  Quillota, tornamos á dirigir el  pensamiento á la patria. y al pasado,  recordando  los aniversarios nacionales que celebramos en la infancia,  con esa prolijidad de  detalles  que algunas veces pone en juego la memoria.

Antes de buscar y encontrar el reposo de que necesitábamos, apuntamos en la cartera  la crónica quillotana, para enviarla á uno de los principales diarios de Buenos Aires.

De  esos borrones  sacamos  estas  líneas,  que tienen   por   objeto   consignar,  de  cualesquier manera,  bien  ó  mal,  una creencia que abrigamos.

¡Decae  el  vigor  de  la  fibra patriótica  y se debilita   la  originalidad del  carácter nacional, cuando  los pueblos  contemplan  indiferentes el aniversario  de su gloriosa independencia!


Notas

1 “Argentinos en las primeras logias de Valparaíso: 1850-1864” en Revista “Archivo Masónico” nº 11, Santiago, marzo 2007.

2 Doña Esther era hija de la quillotana Carolina Grimwood Allende y de Manuel José Tezanos Pinto Sánchez de Bustamante, hijo de don Manuel, político argentino de origen español avecindado y fallecido en Quillota en 1836, patriarca de la familia. Por su parte, como hemos señalado en otra nota y en nuestro libro, esta ‘residencia campestre’ de Sarratea, -en la que acontece la velada relatada por Estrada-, es la que es confundida con la “Casaquinta de Alberdi”, ya que el tucumano –con residencia en Valparaíso-, era asiduo visitante de “La Gruta” y fechó las “Cartas sobre la libertad de la Prensa” en Quillota, epistolario que es conocido como “Cartas quillotanas”. Este equívoco ha desencadenado infructuosas búsquedas del domicilio del notable argentino en nuestra ciudad por parte, entre otros, del escritor e historiador Ricardo Rojas, en 1921, y del intelectual Alfredo R. Bufano, en 1939.

3 Este significativo episodio sería recordado nuevamente por Estrada en un artículo posterior titulado “El Telégrafo Trasandino”, también incluido en las citadas “Misceláneas”: “En   hora   feliz   para   nosotros, un  caballero chileno,   don  Juan  Clark, concibió  la  idea  de atravesar los Andes  por  medio de  un  telégrafo de más de trescientas leguas  de extensión. En un  banquete  de   argentinos,  en   Quillota,  el 25 de Mayo de 1869,  anunció  á los circunstantes su proyecto, que fué  considerado  por  algunos  como un sueño de su fantasía. La  casa  de don Mariano  de  Sarratea  tantas veces  entristecida  en  día semejante  por  las  quejas  y  el canto  de los proscriptos, se  estremeció   en  esa hora  con  los  vítores   y  aplausos   que  arrancó aquella  promesa  del   progreso   y  la libertad”.

La colosal tarea emprendida por Clark y Cía., a cargo, en el lado chileno, del ingeniero Javier Villanueva y García, y que implicó sortear la cordillera por el paso de El Juncal, a más de 4 mil metros de altura, con materiales adquiridos en Europa y transportados hacia las cumbres a lomo de mula; unió finalmente el tramo Valparaíso – Santiago con Buenos Aires el 23 de julio de 1872. Dos años más tarde, el 13 de noviembre de 1874, se promulgó la ley que concedía a la empresa "Ferrocarril Trasandino Clark” la concesión para construir un ferrocarril a Argentina. Para Juan y Mateo, precursores de la idea, su construcción comenzada casi 20 años después, el 5 de abril de 1889, postergada por la Guerra del Pacífico e interrumpida por la Guerra Civil del 91, significaría el fin de su sociedad y la quiebra de la empresa.

4  De la edición fechada en Madrid, 30 de agosto de 1889, hemos resumido este extracto biográfico: “Ha residido en España por espacio de varios meses, en el presente año, el docto publicista argentino D. Santiago Estrada. No siguió cursos universitarios, sino que le educaron é instruyeron profesores. Discípulo aprovechado y amante de las letras, desde muy joven colaboró en los periódicos escribiendo más de cuatrocientos artículos ilustrativos del derecho argentino á las zonas australes del continente americano, y otros innumerables de crítica artística y de teatros. Perteneció al personal del Ministerio del Interior y luego parte del Cuerpo diplomático. Destinado á la legación en Chile, prestó á su país muchos servicios en la cuestión de límites, y allí colaboró en varios diarios y publicó una Memoria y un curioso libro de Viajes, pasando en seguida á la República del Perú, donde también fue estimado de los primeros literatos y hombres públicos.

El Sr. Estrada es miembro activo de la Sociedad literaria que fundó en Chile el doctor Lastárrea, y honorario del Club de la Universidad de Lima, caballero de la Asociación de la Cruz Roja é individuo del Club Católico de Buenos Aires. La Real Academia Española le ha conferido el nombramiento de académico correspondiente en la capital argentina. Apenas desembarcó en Barcelona, pocos meses hace, el señor Estrada dio a la prensa ocho volúmenes de discursos, impresiones de viaje, estudios biográficos y críticos, diálogos científicos y morales, que representan la cuarta parte de los trabajos literarios de su fecundo autor, y los cuales aparecerán en breve al examen del público ilustrado, con prólogo de los distinguidos escritores españoles”.

5 “Miscelánea por Santiago Estrada; precedida de una carta prólogo de Juan Valera”, Barcelona Imp. de Henrich y Cª, 1889.