lunes, 22 de mayo de 2017

Algo sobre el quillotano Fulner

Retrato del Dr. Enrique Faulkner Price, perteneciente al Museo Nacional de Medicina y tomada de su sitio web 

        En 1817 el primero que al transito del egercito por los Andes, levanté el grito en Quillota desarmando al mismo subdelegado por mi mano aun antes de la jornada de Chacabuco, y cuya accion me tuvo a pique de perder la vida por una reacción que intentaron los enemigos del país, y aunque sin destino publico trabaje sin cesar todo este año de un modo muy publico y muy notorio, acompañando a los servicios de mi persona, las erogaciones de mi bolsillo, pasto, y animales de mi hacienda: esto no lo niegan mis enemigos por que no pueden”.

        Con estas palabras nuestro personaje, Enrique Fulner Price, recuerda el golpe de mano del 10 de febrero de 1817 conmemorado en nuestra nota anterior. El párrafo pertenece al documento, fechado el 20 de mayo de 1823, titulado ‘Manifiesto que hace a los pueblos de Chile, el ciudadano Enrique Foulner’ (1). La fotocopia del texto fue donada a nuestro museo por don Felipe Cruz Sánchez, descendiente del quillotano, residente en Panquehue, provincia de San Felipe (2).

        El contexto histórico del ‘Manifiesto’, con sus seis documentos anexos, lo consigna Vicuña Mackenna: “El partido de Quillota quedó tan alborotado con las revueltas del Colliguay que en una querella de gobernadores que ocurrió algunos meses más tarde (marzo de 1823), entre don Martín Rodríguez y don Enrique Fulner, depuesto por aquél, vinieron ambos a las manos en los callejones vecinos al pueblo, quedando en el campo dieciséis individuos entre muertos y heridos. Algunos de éstos eran los prisioneros de Colliguay”. (‘La Guerra a Muerte’, 1868.) No olvidemos que esto sucedió después de la abdicación de O’Higgins en enero. Sobre la famosa montonera de Colliguay escribimos una nota.

        En su escrito, Fulner se presenta como comerciante, hacendado y médico, admirador del “incomparable” José Miguel Carrera, Manuel Rodríguez y Ramón Freire. Anota que nació en Estados Unidos, llegando en 1806 al Río de la Plata, pero “mil incidentes pribados” lo hicieron llegar a Chile como profesor de medicina. Ejerció en Santiago y Quillota.

        En 1808, ya como comerciante, se vio involucrado en el escándalo de la fragata inglesa Scorpion, cuyo capitán Mr. Tristan Banker, su “amigo y paisano”, fue asesinado, según Fulner, por el portugués Manuel Silva.

        Al año siguiente se casó con Mercedes Gac, hija de don Juan, “uno de los principales ciudadanos de Quillota por su fortuna, calidad y sentimientos” (3). Su única hija, Loreto, en 1833 contrajo matrimonio con José Vicente Sánchez Bravo de Naveda. Tuvieron doce hijos.

        Como activo partidario de la independencia, durante la Reconquista “tuve que sepultarme civilmente”. 

        En otra de nuestras notas, citando a Mary Graham, vimos la decida actuación de Fulner como teniente gobernador durante el terremoto de 1822.

        Una efímera vida tuvo una institución cultural quillotana de inspiración liberal avanzada llamada “Sociedad de Amigos del Género Humano”, cuya reunión constitutiva se realizó a fines de noviembre de 1825, en la casa del estadounidense, pero el gobierno no autorizó su existencia. En nuestro libro (1989) incluimos un artículo alusivo.

        Fulner ocupó en diversas épocas la gobernación de Quillota, en 1844 adquirió a Dionisio Nordenflicht el actual fundo Santa Teresa y también fue diputado en más de una oportunidad.

        ¿Cómo enfrentó el quillotano los represivos años portalianos entre 1829 y 1837? En 1830 era gobernador.

        En su clásico trabajo, tantas veces citado, don Benjamín copió la siguiente inscripción esculpida en plancha de mármol:

        “Eterna gratitud a los fundadores del Hospital de Quillota señora Mercedes Gac de Furner (sic); los señores Francisco Gonzalez Orejan, José Vicente Sanchez i sus dignas esposas.
        Se colocó la primera piedra en mayo de 1857.” (La señora de Sánchez era Loreto Fulner Gac.)

        El hospital se inauguró el 11 de mayo de 1860. Ignoramos la fecha del fallecimiento del personaje.


Notas

1 El apellido de don Enrique aparece en distintos textos como: Fulner, Foulner, Foulkner y Fauwkner.


2 Propietario de la Viña Sánchez de Loria en Panquehue. Esta viña familiar proviene de los descendientes del español José Teodoro Sánchez de Loria, nombrado por el rey de España como miembro de la Real Audiencia y llegado a Chile en 1785. El fundador de la viña fue Enrique Sánchez de Loria Faulkner quien adquirió las tierras en 1890, comenzando entonces la plantación de viñedos, entre los más antiguos del valle del Aconcagua.


3 Según consta en la partida de matrimonio de la Parroquia San Martín de Quillota, Libro V de Matrimonios, fojas 42: Don Enrique Fulner Anglo Americano, natural de la villa de Providencia en la provincia de Isla Camina (Providence, Rhode Island) hijo legítimo de Samuel Fulner y Ana Price, caso con doña Mercedes Gac hija legitima de Juan Gac y doña María Juana Navarro.


jueves, 27 de abril de 2017

“El arte de vaticinar” poemario del escritor quillotano Hernán Miranda Casanova


Fotografía del sitio
 www.urbesalvaje.wordpress.com

En el juego del tiempo, se entremezclan los olvidos, las presentes penas, el futuro que promete y que no llega, y el pasado que no da revancha. Sólo tenemos para huir de esto quizás, como unos de los pocos escapes que nos da la vida, el escribir.

Y eso hace Hernán Miranda Casanova (1), nacido en Quillota,  estudia letras y entre tanto, escribe y publica.

En 1970, este poemario “El arte de vaticinar”, sale a la luz, con las mejores críticas. En éste trasmuta la niñez con su libertad y ese asombro por todo, que jamás por más que lo intentemos volverá. El espanto y misterio de la muerte, de la vejez, aminorado siempre por la belleza, con los besos de la inocencia.

“El arte de vaticinar”, navega entre un pasado pueblerino y un futuro en la mente de un niño que corre en un poema diciendo:

“En mi pueblo natal, en el tiempo
de las carreras locas a campo traviesa
detrás de mariposas o locomotoras a vapor,
había además otras cosas que hacer.

Había que abrir bien los ojos para confeccionar
un buen inventario de las cosas de este mundo” (2)

Hernán Miranda, lo hizo, tomó papel y escribió un inventario, allá en los 70, cuando con sólo 29 años, pudo vaticinar el mundo de todos, extrayéndolo de esa pequeña ciudad, que solemos llamar, infancia.



Marcela Poblete Cruz




                               
(1) Hernán Miranda Casanova, poeta nacido en Quillota en 1941. Periodista de profesión y además, Magíster en Filosofía Política en la Universidad de Santiago. “El Arte de vaticinar”, es su primer poemario, el cual fue publicado en 1970 (Ediciones Clavileño). Su amplia y variada obra literaria, ha obtenido el reconocimiento nacional e internacional.
En otro ámbito, recordada es su intervención urbana, en el Zoológico de Santiago, en los años ochenta, en donde se hace encerrar en una jaula, vestido de oficinista, con un letrero que decía: “Hombre. Nombre científico: Homo sapiens. Hábitat: En todo el mundo”.



(2) Hernán Miranda Casanova, extracto del poema “En mi pueblo natal, en el tiempo”, del libro “El Arte de vaticinar”, Ediciones Clavileño, 1970.




“El arte de vaticinar”, se puede leer en el portal de Memoria Chilena, en el siguiente link:


lunes, 20 de febrero de 2017

Quillota: 10 de febrero de 1817


En la quinta de los Benavides, situada en paraje solitario, a la salida del pueblo por el camino de San Pedro, se fraguó el “audaz golpe de mano” patriota (10/02/1817) contra las autoridades realistas de la Villa de San Martín de la Concha. Encabezaron esta sublevación Juan Antonio Carrera (dueño de la hacienda de Viña del Mar), sus hijos Juan Nicolás, José María y Joaquín, los hermanos José Miguel y José María Benavides y dos hermanos González: uno de ellos Martín Silvestre, nació en La Calera (1793) y falleció el año 1876. También participó José Martín Rodríguez y Osorio, padre de don Zorobabel.

        Los patriotas vencieron, en el llano de Gallardo, a la guarnición, conformada por cien huasos de lanza, mandada por el alcalde Francisco de Paula Salamanca (español). Los Lanceros triplicaban en número a los sublevados.

        José Miguel de Benavides en carta a Bernardo O’Higgins del 22 de febrero de 1817 informa: «…, ya estrechado de las continuas amenazas de los tiranos de ésta (Quillota), me reuní con varios amigos y, con las pocas armas que teníamos ocultas, enarbolamos la bandera bicolor en esta plaza y proclamamos el sagrado nombre de la Patria, a cuya voz imperante huyeron despavoridos los enemigos de nuestra causa y los amigos se reunieron hasta en número de cuatrocientos hombres.


        Ya engrosada así la guerrilla me dirigí a Aconcagua, donde tuve la satisfacción de anunciar al Escmo. señor General en Jefe [San Martín] este resultado, y exigiendo alguna fuerza armada para volver a contener el ultraje de esta provincia. Y su excelencia me dispensó una pequeña división con la que me devolví a esta provincia, que ya encontré quieta…»

        O’Higgins contestó con fecha 24 de febrero de 1817 aprobando la actuación de los quillotanos.

        (Benavides volvió a Quillota el 15 de febrero y al día siguiente se dirigió a Valparaíso, dejando el mando interino a José Joaquín Larraín.)

        ¡La mayoría de los combatientes aludidos por Benavides iban armados de palos, horquetas, guadañas y calzados con ojotas!

        39 vecinos de Quillota enviaron una carta a O’Higgins, fechada el 28 de febrero del año 17, resaltando las virtudes morales, los sufrimientos durante la Reconquista española y la actuación en la sublevación del 10 de febrero del ciudadano José Miguel Benavides.

Consignaremos los nombres de algunos de estos quillotanos que han aparecido o aparecerán en otras de nuestras notas o en libros: Enrique Fulner, Juan Bautista y Martín Álvarez de Araya, José Martín Rodríguez Osorio, Dr. Juan Antonio de Carrera, José Tadeo y Lorenzo Urrutia, Joaquín y Francisco Javier de Dueñas, José Ramón Gac, Francisco Javier González, José María Ortiz de Zárate y Fray José Nicolás Flores (presidente), entre otros.

        « … los quillotanos dieron el grito de libertad el 10 de febrero de 1817, derrotaron la guarnición de Quillota compuesta de cien lanceros, i marcharon “en auxilio” de San Martín hasta Panquehue.» Con estas palabras Vicuña Mackenna sintetiza la única y admirable sublevación de 1817 en la villa (‘De Valparaíso a Santiago’).


Fuente: «Archivo O’Higgins: correspondencia a Quillota en febrero y marzo de 1817».