martes, 14 de agosto de 2018

"Mientras Amanece" una novela de Eugenio Matus Romo



“Mientras Amanece”  Eugenio Matus Romo Editorial Alfa, 1960


La novela “Mientras Amanece”, de Eugenio Matus (1), se ambienta en un Quillota antiguo, pero que tiene tanto de lo que yo conozco hoy que no puedo dejar de imaginar cada descripción.  La Parroquia, tal cual la vive el protagonista, hoy no existe, sobre ella una construcción con aires modernos se instala en la esquina de las calles San Martín con Maipú.  Y la Iglesia de los Dominicos, aquella que tanto aborrece un personaje, hoy todavía se eleva hasta casi el cielo. Los Maristas, parecen ser los mismos, que estuvieron en mis días de colegio, con sus estrictas normas y sus no tan calmados discípulos.  La plaza aparece con su antigua y moderna fuente. 

En esas calles y lugares un niño, David, que llega a vivir con su tío y doña Sofía, a la Parroquia, debe recorrer el camino que todos debemos andar: el crecer. Pero, la vida es un laberinto, muchas veces circular, en donde se cree existir, se cree amar, uno se apasiona, huye, pero, paradojalmente, rara vez uno avanza. Quizás, porque la vida, cuando la comenzamos a llamar: destino, se transforma, inmediatamente en desilusión.

Pero, David deberá crecer, aunque en este proceso, aniquile a aquel, que habitó su infancia, quien tuvo el alma más viva que incluso el mismo, hoy.

“Mientras Amanece”, una novela que se lee rápido, que no para, que parece un suspiro de resignación en mitad de la juventud que algún día tuvo su autor, que logra que uno se encariñe con seres hechos de letras, que hace que el tiempo se detenga, aunque sea un poco en nuestras vidas y se centre en un pequeño mundo hecho de calles y lugares conocidos,  teñidos de sepia.

“Mientras Amanece”, para los que añoran una novela como las de antes, sin premura, pero ágil, con personajes que se quedan en el alma. Una novela,  con un ligero sabor a pena y obviamente a nostalgia pura.



Marcela Poblete Cruz



(1) Eugenio Matus Romo (1929 - 1997): novelista, ensayista, crítico y antologador. Profesor de Castellano. Estudió en el Instituto “Rafael Ariztía”.

martes, 7 de agosto de 2018

Los nuevos aires de la historiografía quillotana




"Historia Administrativa y Urbana de Quillota
1810 - 1996"
Pablo Montero Valenzuela



De nuestro archivo.


Cuando era niño era casi imposible cumplir con un trabajo de investigación sobre el pasado de Quillota, salvo un antiguo libro de Historia Colonial y la revista de apuntes de la historia que había publicado el diario “El Observador”, prácticamente no existían otras fuentes para conocer la vida de nuestra ciudad en el tiempo.

Hoy, la situación es diametralmente opuesta, quizás como consecuencia del Tricentenario han surgido varias publicaciones de extraordinaria calidad: la “Historia Administrativa y Urbana de Quillota 1810 – 1996”, publicada recientemente, por el Licenciado en Historia y Magíster en Ciencias Políticas Pablo Montero Valenzuela, uno de los textos de historiografía regional más cuidadosos, en cuanto a su redacción e información que he leído en mi vida.  La monumental “Historia General de Quillota” del profesor y periodista Roberto Silva Bijit, es otra expresión de esta época dorada de la investigación histórica.  Tampoco puedo dejar de mencionar las investigaciones del profesor Augusto Poblete Solar, que entregan una dimensión profunda e íntima de la existencia de nuestra comunidad.

Son textos escritos desde la ciencia y los archivos, pero también por y desde el amor a una tierra excepcional, que ha producido frutos y paisajes hermosos, así como hijos preclaros que la reverencian a través de la memoria y la palabra.

Siento que hay una revalorización creciente de lo  nuestro, de los paisajes, costumbres y valores de nuestro territorio, a nivel nacional.  Programas de televisión, documentales y libros son expresiones inequívocas de este sentimiento, genuino y puro, que redescubre los verdaderos sentidos de la patria y la nacionalidad en nuestra gente.

En mi opinión, ha llegado el momento de formalizar la implementación de una asignatura de historia local en el currículum de los colegios municipales de la comuna, están los profesores, están las autoridades y por supuesto, están estos libros maravillosos que debieran ser la fuente de estos estudios, sólo falta la decisión, que quizás como en otras oportunidades, pueda ser señera para otras ciudades de nuestro país.  ¡Quillota ha sido el punto de partida de tantas acciones y decisiones notables…!  ¡Es hora de valorarlo!



Pedro Pablo Gac Becerra
Profesor de Historia y Magíster en Educación



Publicado en el diario “El Observador” el 24 de julio de 2018


martes, 24 de julio de 2018

Grande revolución que tuvo lugar el año 1837 en la ciudad de Quillota






Para mejor comprensión de la nota anterior  El asesinato de Portales según un quillotano transcribimos el texto original completo (1)

(se ha respetado la redacción y la grafía original)


El capitan de mi compañía que lo era don Raimundo Carballo, era abilitado del Regimiento, marchó con el que suscribe á Valparaíso a tráer el haber del cuerpo, que según se me dijo eran 27.000 pesos; esto sucedió el 25 de mayo del  mísmo año.  Marchamos de vuelta el 28, con un piquete del mismo cuerpo que venía de Nueva Olanda de dejar desterrado al padre de la patría y padre de los Liberales, el capitan general de Chile señor Don Ramon Freíres,cuya fuerza la mandaba el teniente Guarda, que murió de capitan en el Perú, en el pueblo de Chequían, lo acompañaba un sargento Pizarro, que murió de sargento mayor en San Bernardo departamento de Santiago.

El 2 de junio del mismo año llegó á esta ciudad el Ministro dela guerra don Diego Portales, habiéndose alojado en la casa de Don Buena Ventura Uyoa, al costado poniente de la plaza, pared por medio con la del gobernador que había en ese tiempo, Don José Agustín Moran.  Tan pronto como llegó el ministro dió orden al coronel Bidaurre que venía a revisar el canton delos cuerpos existentes en este departamento; cuya revista debia pasar el Ministro al Regimiento Maípo, que estaba acuartelado en la Plaza al oriente; casa de ejercicios y Convento de Sto.  Dogo., y el de Cazadores de Acaballo, acuartelado en elConvto. de S. Franco., la misma orden se dió alos cuerpos, y que mandasen vuscar su ropa para el dia siguiente, y al mismo tiempo que el Ministro tenía deseos, como se encontraba el tiro al blanco, esto lo dijo verbal el Coronel ala tropa.  El día 3 de junio, el Ministro anduvo con el coronel inspeccionando los cuarteles por la mañana, y recuerdo que en uno de los cuarteles que era el Convento de Santo Domingo se adelantó el Coroneldel lado del Ministro, i tan pronto como se alejaba le dijo “Córonel deme su fuego” y prendiendo su cigarro marcharon juntos y se despidieron en la puerta.  Ala una de ese mismo día se tocó a tropa, i salió el Regimiento ala Plaza de Armas formados de dos en fondo.  El número de estos era de mil cuatrocientos mas o menos, habiéndose anunciado cuatro compañías que fueron carabineros del primero y segundo y bolteadores del primero y segundo.  En esta formacion estaba el Regimiento rodeando toda la plaza, cuando apareció el Ministro con todo su acompañamiento; tan pronto como lo vió el Coronel dió la voz de mando, que pusieran al hombro la armas, (Yo que pertenecía ala tercera Compañía de Segundo Batallon) llegó el Ministro contodo su sequito, incluso su Secretario que lo era el Señor Cábada; habrían como 25 o 30 metros frente ala casa dela Señora Juana Araya (al costado del teatro al sur de la plasa), donde paró el Ministro.  En esos momentos se notó un gran altercado que tenian el Coronel con el Ministro, pero ví á una pequeña seña que hizo el Coronel la Compañía de bolteadores del segundo (mandado por su Capitán don Narciso Carballo), terciaron sus armas y desfiló apaso de trote con dirección donde se encontraba el Ministro con todos sus acompañados, y círculandolos atodos, el Coronel ala vez ordenó las que habian de marchar presos (Don Agustín Moran Gobernador, don Pedro Mena, Don Manuel García, Coronel Necochea i otros), i señalando al Ministro dijo: “ponganle inmediatamente a este picaro una varra de grillos” i marcharon con todos los presos á la Cálle de Maipú, que es ahora, (media cuadra dela plaza al Oriente) en el cuartel que había en ese tiempo, (número ahorá 24) nombrando de guardia al Capitán Arrizaga con su Compañía de Carabineros del primero.  Tan pronto como llegó el Ministro al Cuartel se le remachó una gruesa barra de grillos permaneciendo con éllos hasta el día en que murió fusilado.

El regimiento permaneció formado, i la Compañía de Carabineros del segundo partió marchando por la cálle de O’Higgins que es ahora dos cuadras al norte doblando ala calle Arturo Prat y llegando ala de Freire, colocándose tras de la torre de San Franco, cerca del cuartel de Cazadores aCaballo.  La Compañía de volteadores del primero tomó la dirección dela cálle de Concepción que es ahora,hasta llegar ala Cañada,donde está el ferro carril ahora.  Es de advertir que el convento de San Francisco tenía como dos cuadras de fondo, en las cuales habia un potrerillo con paredes bájas por donde penetró toda la Compañía de volteadores cerca dela estación del Ferrocarril actual.  El Regimiento de Cazadores aCaballo,que tenía orden por el Comandante de Armas que lo era el Coronel Bidaurre para no salir desus cuadras,ni tomar arma alguna,hasta no efectuarse la revista,y los oficiales que estuviesen reunidos en su mayoría;puestos de los volteadores en el potrerillo marcharon sobre el cuartel que ocupaban los Cazadores, y los Carabineros que estaban tras dela Torre y al paso de tróte se fueron ala puerta del cuartel y atropellando la guardia pusieron centinela, tanto en la mayoría como en la cuadras,y yá dueños los Carabineros y Volteadores del cuartel impusieron ala tropa que no se movía nadie desus cuadras hasta no llegara el Coronel Vidaurre.  Llegado éste,nombró de Comandante del Regimiento de Cazadores aCaballo a un Capitán Vergara del mismo Regimiento.

Vuelto ala plaza el Coronel hizo desfilar el Regimiento Maipo y lo izo dentral al cuartel.  Para provocar el odio de la tropa contra el Ministro leyó unas cartas que sacó del bocillo que le escribía al Ministro de Santiago ablando de palabra antes de leerle al Regimiento i diciendole yó los e tratado mal para que bean lo que dice este pícaro i lelló:  le mandado esa partida de recruta que son los dañinos de la república i le encargo que en la Ordenanza militar esté sobre ellos como igualmente el pálo que no se desprenda del lomo de estos: sorbrado motivo para que todo el Regimiento tómase odio contra el Ministro.

En ésta disposicion estaba el Regimiento,cuando ordenó el Coronel que se sacaran 400 hombres delos más veteranos para que éstos márchasen a Valparaíso con la orden dellegar al Báron sin dispara un tiro.  Tan pronto como avistaron ese lugar la Caballería é Infantería de Valparaíso que marchó esta última ala grúpa,se puso en persecución delos 400 del Maipo i los persiguió hasta mas acá de alto de Reñaca.  El día cuatro de junio marchó todo el Ejercito como alas ocho de la mañana con dirección á Valparaíso llevando consigo al Ministro y demas presos,poniéndole una Compañía de Custodia.(Es de advertir que el Ministro Portales hiva en Virlocho con su secretario el Señor Cábada) y los demás reos acaballo.  Llegando alos Patillos dela Hacienda de San Pedro,ordenó el Jefe dela Compañía que custodiava los reos,que era el Teniente Don José Ma Silva Chávez,que tomasen el camino que hay hácia el cerro,para dejar libre el camino real al Ejercito,marchando el Ministro con su custodia por la cima delos cerros.  Por el mismo Teniente Silva Chaves me contó en reserva que el Ministro lo llamó asu Virlocho en su descanso que tuvo la tropa, y le dijo: “lo he llamado Teniente para que si es hombre de guardarme secreto: contestandole el Teniente que si lo guardaría ala contestación,dijo el Ministro: “Ud está en actitud de salvarme,y si lo hace, lo hágo lo que Ud quera de la República.  La contestación del Teniente fué muy franca en éstos términos: “Señor Ministro,soy un pobre subalterno y no puedo contrariar las ordenes de mi superior, con respecto ala reserva estoy seguro la guardaré”.

Toda la fuerza de Caballería é Infanteria llegó de noche al punto llamado Torquemada, donde se reunió la fuerza que había marchado á Valparaíso i la custodia del Ministro.  El Regimiento por donde veía pasar al Ministro decían en voz alta “cuando fusilarán a este bribon”.  Al día siguiente cinco del mismo mes emprendió lamarcha todo el Ejercito hacia Valparaíso; pero le dieron aviso al Coronel que venía una fuerza de Santiago, y mandó la Caballería aque la atajáse a la bajada dela cuesta de Zapata, quedando nosotros con veinte y dos hombres de Caballería.  Llegados a la 1.a hermana del Camino real de Valpso. encontramos una abanzada del Batallon Valdivia que defendía aquel paso y preguntando éstos, (quien vive) se le respondió “Maipo”.

El capitán Arrizaga hiba de descuvierta con su Compañia de Carabineros del primero;  la abanzada que había de parte de los del Valparaíso hizo fuego sobre la descuvierta y se fueron dispersandose.

Los Carabineros se dispersaron por todas direcciones de ese lugar y haciendo fuego, delo que resultó que hirieron de muerte a su capitán, dejando de existir éste mui luego.  El Capitán demi Compañía Señor Raimundo Cárballo dijo: al ver muerto al Capitán Arrizaga: “por la cabeza viene el mobimiento”.   Esto sería como alas diez u once de la noche.  Llegamos a un punto donde llaman los pláceres ahora, y hicimos alto sin saber en que lugar se encontraba el enemigo, mandando al que suscribe con ocho soldados ahacer la descuvierta y bajo las ordenes de mi Subteniente Aguírres: Marchamos por todo el camino que llaman rodeo de Lillo no encontrando ningún enemigo, deloque dimos cuenta al Coronel y nos contestó “vuelvan Udes. a descubrir alos enemigos por otra parte , y nos dirijimos ala Quebrada que llaman Cabritiría y subiendo porla parte opuesta hacia el lado del puerto descubrimos al enemigo, haciendonos una descarga cerrada al ruido que metíamos por los  matorrales, volvimos donde el Coronel y le dijimos que estaba descuvierto el enemigo y que mucho mejor sería marchar todo el Regimiento por el ródeo de Lillo, y nos contestó que pasaríamos sobre ellos i nos retiramos.  El Ministro Portales estaba custodiado entonces por la segunda compañia del  primero, quela mandaba el Capitán Diaz elmozo que así lo llamaban en ese tiempo.- porq había otro del mismo grado y nombre dela 2ª del segundo.

Alas dos otres dela mañana llegó el Capitan Florin y le dijo al Capitan Dias, “tengo orden del Coronel para q me entregue la guardia. El Capitan Dias  lo efectuó en el acto retirandose para el Regimiento.  Tan pronto como se recibió Florin dijo al Ministro, “bájese Ud. del virlocho y Ud. tambien señalandole al Secretario Cábada” alos demás reos les dijo: Uds. pueden retirarse donde quieran, entre ellos recuerdo que hiva el Córonel Necochea.  El Ministro dentro del Birlocho dijo al Capitan “déme un soldado para bajar pues no puedo por estos grillos”. Flórin le constetó “yo lo bajaré y dándole la mano al Ministro le dió una tirada que lo hizo bajar del virlocho.

El Secretario Cábada bajó por sus pies, pues no tenía grillos. En esta posición estaban los dos cuando Florín les dijo “résen un acto de contricion por que van a morir, preguntándole al Ministro tiene Ud. pañuelo para q se vende la vista. Cábada al oir esta sentencia le dijo “y yo por que voy a morir”, que culpa tengo” y dicho ésto rompió la fila corriendo para el lado del mar.  Florin salió en su persecución y un soldado que recuerdo perfectamente (Antonio Cornejo) éste era su nombre, dijo a su Capitán hágase un lado señor y tirando el fucil ala cara hizo fuego sobre el secretario Cábada dándole el balazo en el cérebro como a distancia de una cuadra más omenos donde quedó muerto.  El Ministro tenía la vista yá vendada ala vuelta de la persecusion del secretario, i el Sargento Espinosa primero dela compañia le hizo tirar al Ministro, cuando llega Florin al cuadro de soldados, y les dijo: “no hai que tirar mas: pásenlo a balloneta y todos los soldados tan encarnizados con el Ministro parecía que el que no metía su bayoneta en el cuerpo del Ministro, quedaba descontento.  Segun recuerdo y tuve noticias positivas, un cabo Verdugo dela Compañía que custodiava al Ministro le cortó un dedo dela mano enq tenia un anillo de brillantes y se guardó conél.

Alas cinco dela mañana del día seis de Junio, el Coronel Bidaurre hizo desplegar el Regimiento en Batalla apollando la cabeza en el camino real y cola hácia la cima del cérro y hizo prorrumpir un viva alos libres por todo el Rejto., formándose en seguida columna cerrada y dijo el Coronel “son las cinco y vamos adentro del Puerto, es de advertir que el Rejto. tenía como 800 reclutas, y mandó columnas del frente, y al llegar ala Cabritería los enemigos no hacian un fuego graneado como igualmente los buques que con anticipación estaban enla embocadura de ese lugar.  El Rejimiento graneaba el fuego como era consiguiente la 1.a mitad; pero todas las demás hacian fuego formandose una confucion en todas las mitades, detal suerte q se declararon en derrota la mayor parte de éstas, teniendo los beteranos que contener ese desbande atrabezando los fuciles para contenerlos, pero no era posible; sosteniendo el fuego los beteranos hasta cerca delas ocho de ese día persiguiendonos unas lanchas cañoneras que hacían fuego hacía donde nosotros ivamos huyendo.  Como 200 hombres no juntamos y marchamos juntos hasta el alto de Reñaca donde venia en persecucion nuestra la caballeria de Junin con infantes ala grupa: Allí nos paramos nos acompañaba un Alferes Arrizaga, el cual nos dijo “toda resistencia es inutil”  supongamonos que derrotemos esta fuerza no sacáremos nada, yó soy de parecer que escapemos como podamos”, y de allí se disolvieron todos, tomando el camino que cada cual nos pareció.

El sargento primero Espinosa que fue quien hizo tirarle al Ministro los primeros tiros, este se presentó el año 58 para ir al Perú en la segunda espedición, y no faltó quien divulgara aéste el crimen cometido contra el Ministro, inmediatamente y puesto en Cápilla lo fusilaron.

El Ministro Don Diego Portales era de un cuerpo alto y derecho, muy blanco, nariz larga y afilada, ojos grandes azules y su mirada penetrante, frente muy despejada, vestía siempre de negro y sombrero del idem.



José Esteban Gutierrez





(1) Fuente: “Revista del domingo” de “El Mercurio”, 7 de junio de 1981.