jueves, 4 de enero de 2018

Un bisabuelo, un abuelo y el balmacedismo

Mi bisabuelo Francisco Gabriel, al centro, junto a familiares y correligionarios.

Francisco Gabriel Poblete Rebolledo, se llamaba mi bisabuelo paterno, nacido en octubre de 1831 en Laja.  Por ser partidario del presidente José Manuel Balmaceda, fue fusilado en su fundo lajino el 30 de agosto de 1891, durante la guerra civil, en presencia de su esposa María Clara Gallegos Jara (mi bisabuela) y de su hijo menor de 15 años José César Poblete Gallegos (mi abuelo).  Este último nació en Laja en abril de 1876 y falleció en Nacimiento en junio de 1940.  Fue oficial civil de este pueblo y, posteriormente, gobernador del antiguo departamento de Nacimiento, hasta 1920. Nunca olvidó al presidente Balmaceda y militó en el Partido Liberal Democrático o balmacedista.  Se casó con Gliceria Arriagada Gallegos.  Fue padrino del destacado abogado y político nacimentano, democratacristiano, Bernardo Leighton Guzmán.


Mi padre Alberto Antonio

Uno de los hijos de don José César, Alberto Antonio Poblete Gallegos (mi padre), nació en Nacimiento (1896) y falleció en Quillota (1957).

Todos oriundos de la región del Biobío. 



Un retrato junto a mi hermano mayor César en la fuente colonial de la Plaza de Armas de Quillota

Historia de las familias Poblete y Gallegos” se titula el trabajo genealógico manuscrito de mi fallecido hermano César Poblete, fuente de las anteriores informaciones, escrito en Santiago en 2005.  ¡Una admirable investigación!

Las dos familias eran de agricultores con propiedades de regular extensión.

Las casas del fundo de mi abuelo

La derrota y muerte de Balmaceda, con posteriores persecuciones, exoneraciones, asesinatos, saqueos no significaron el final del balmacedismo.

Gonzalo Vial señala: “El balmacedismo volvió a la escena política con una rapidez sorprendente”. He aquí algunos hitos:

  • La prensa.  Ya en noviembre de 1891 hubo un periódico balmacedista, “El Progreso” (Talca).  Después aparecieron muchos más, entre ellos “El Correo de Quillota”.

  • El partido.  Su construcción se inició en junio de 1892 liderado por Manuel Arístides Zañartu, “un hombre bueno y singular”.


  • La “Gran Convención” partidaria.  Se desarrolló durante varios días en Talca, noviembre de 1893.  Asistieron delegados de casi todo el país.  Participó el quillotano Francisco 2º Herboso España.

  • Las elecciones de 1894.  El Partido Liberal Democrático obtuvo un triunfo que causó estupefacción.  Era la primera fuerza liberal y la segunda en todo el país, superado sólo por los conservadores.
        Juan Luis Sanfuentes y Emiliano Figueroa Larraín, miembros de        la colectividad, fueron Presidentes de la República entre los   años 1915-1920 y 1925-1927, respectivamente.

Las propuestas programáticas del P.L.D. son tema de otra nota.

Pablo Montero en su libro sobre la sociabilidad quillotana nos informa que el seminario balmacedista “El Correo de Quillota” había reaparecido el 1º de agosto de 1892.

En el mismo periódico (diciembre de 1893) aparecen los nombres de balmacedistas quillotanos: Juan N. Rencoret, Ambrosio Valdés Carrera, José Nicolás Morán, Diego Vial, Francisco Herboso, los generales José Antonio Bustamante y Samuel Valdivieso, Carlos Sazié y Ramón Carojil, entre otros.

“El 27 de diciembre de 1893_ consigna el autor citado_ fue inaugurado el Club Liberal Democrático “José Manuel Balmaceda” ubicado en calle O’Higgins  Nº126”.


Bernardino Concha, liberal democrático, era alcalde de Quillota en 1906.


lunes, 4 de diciembre de 2017

Persistencias en la fisonomía urbana de Quillota


http://chiledel1900.blogspot.cl


En el año del tercer centenario de la ciudad de Quillota cabe hacer una reflexión sin más propósito que participar a ampliar el juicio de opiniones acerca de este magno acontecimiento. Como punto de partida debemos proceder a interrogar aquello que se desea examinar al preguntar lo siguiente: ¿Qué hay de continuidad a trescientos años del acto de fundación? y, en última instancia, colocar otra pregunta más práctica: ¿Cuáles serían los elementos posibles de identificar de persistentes?
Ambas interrogantes obligan a dirigir la mirada en retrospectiva hacia dos dimensiones vinculadas a la fundación de la otrora Villa de San Martín de la Concha. Una dimensión civil y otra de naturaleza religiosa. El primero, comprendía una bateria de instrumentos que daban cuenta de una fundación planificada por el Estado español del siglo XVIII y que pusiera en práctica el Gobernador interino José de Santiago Concha y Salvatierra. La segunda, personificada en la figura del Obispo de Santiago, Luis Francisco Romero Gutiérrez que, teniendo pleno conocimiento del territorio bajo su administración espiritual, empujó insistentemente con hacer efectiva la política fundacional borbónica. La síntesis, por lo tanto, había sido especificar el modo de distribución tanto de formas construidas para residir y circular, como aquellas asociadas a las prácticas socializadoras de los mismos habitantes.
De esta manera, se fue afinando una fisonomía urbana de urdimbre colonial, pero que a través del tiempo ha situado una dinámica evolutiva de cambio y  continuidad. En la actualidad dichas categorías pueden verificarse en el crecimiento urbano experimentado y donde florece la tensión entre el valor social y el valor económico. En otras palabras, la dificultad para conservar provoca un efecto negativo que erosiona la persistencia del patrimonio construido hasta alcanzar su completa desaparación.
Lo anterior no significa desconer la acción condicionante de terremotos y otros eventos naturales, sino que dado el enfoque economicista contemporáneo arroja más bien dudas cuando se trata de equilibrar los momentos de cambios en razón a la materialidad del patrimonio.
 A pesar de reconocer por acción u omisión una indefectible realidad, todavía es posible identificar la persistencia de elementos que cumplen la función de conservar el orden original. Así, por ejemplo, la Plaza Mayor atesora cualidades que van desde la acumulación de actos vividos por la comunidad (ceremonias y fiestas) hasta su gravitación en la organización del espacio urbano circundante. Muestra al observador rasgos tradicionales como mediar la dualidad de poder entre la Parroquia San Martín de Tours y el edificio de la Municipalidad. Otros, en cambio, por su ubicación y orientación cardinal (casas, conventos e iglesias) consiguen persistir en superioridad y tamaño a la distancia o la jerarquía socio espacial de su ubicación. Por ejemplo, al observar la Iglesia Santo Domingo muestra desde la distancia esa proporción mayor al romper con la monotonía de las construcciones bajas y señalar una jerarquía por su ubicación. Por otra, persisten practicas tradicionales (ritos, romerías y procesiones), por medio del uso del espacio. En el caso religioso, cuando la calle adquiere la calidad de vía sacra al conformar un circuito que reafirma la presencia de alguna de las cuatro ordenes religiosas existentes en la ciudad.  
Con todo, los elementos persistentes en Quillota pueden convertirse en luces que  orienten a ponderar el valor del bien u objeto heredado, a despertar el interés por conciliar su presente con el pasado y, en último término, abrir las posibilidades de soluciones a la confrontación producida entre lo antiguo y lo nuevo. Al cumplir Quillota trescientos años, es necesario salvaguardar sus características que motivan seguir esclareciendo y, por lo tanto, redescubriendo.
                 
Pablo Montero Valenzuela















miércoles, 22 de noviembre de 2017

Quillotanos en la Guerra del Pacífico


Santiago Amengual Balbontín (Quillota, marzo de 1815 – Santiago, abril de 1898)


El propósito de estas líneas es entregar más informaciones alusivas a los olvidados soldados quillotanos del 79 basándonos en el libro de Francisco A. Figueroa y en el diccionario (1925) de Virgilio Figueroa.

        Las 500 páginas de la obra de Figueroa pretendían recopilar “todo cuanto se haya escrito o haya hecho el batallón Quilota en su corta y gloriosa campaña en el Perú, testificando con los documentos oficiales respectivos el asunto de que se trate”.  Se constata que “El Correo de Quillota” era el único periódico que había en el departamento de Quillota entre los años 1879 y 1882.

Memoria inédita del teniente del batallón Quillota  don Enrique Vicencio” se titula el texto de 21 páginas incluido en la recopilación.  Es un diario desde el acuertelamiento definitivo hasta la llegada a Iquique.  El autor falleció el 4 de marzo de 1881, con el brazo derecho amputado, en alta mar, frente al puerto de Arica.  El capitán José Pragmacio Vial, cajero del banco de Melipilla antes del conflicto bélico, murió en El Callao, después de la batalla de Miraflores, como consignamos en la nota anterior.  En la misma acción bélica falleció el joven sureño José Dionisio Cienfuegos.

        Del importante periódico santiaguino “El Ferrocarril” (septiembre de 1880) Figueroa transcribe lo siguiente sobre nuestro batallón: “Este hermoso batallón cuenta en sus filas a hombres de las profesiones y oficios más diversos, entre ellos el conocido aeronauta Laiscelle, farmacéuticos, telegrafistas, mecánicos, sastres, peluqueros, zapateros, herreros, y hasta un célebre titiritero …”.  Al respecto, con fecha 7 de octubre de 1880, se copia que en Iquique “Eduardo Laiscelle, sargento de la 4ª compañía, hará mañana a las 9 A. M. su ascensión aerostática en su globo llamado “El Vencedor”.

        No olvidemos que el comandante del “Quillota” era José Ramón Echeverría, agricultor que residía en su fundo “El Olivo”.  Antes fue comandante del escuadrón Nº1 de caballería de Purutún.  Falleció “de una enfermedad que contrajo en campaña”, después de la guerra.

        Algunas fechas del batallón: partió de Valparaíso, en el transporte “Angamos”, el 21 de septiembre de 1880;  cuatro días después llegó a Iquique y el 14 de enero de 1881 desembarcó en Chorillos y acampó en el cerro llamado “El Salto del Fraile”.

Según Figueroa, sufrió 126 bajas (muertos y heridos): 8 oficiales y 118 soldados.  Uno de los soldados heridos fue Augusto Poublete.

        Así como la villa de Puchuncaví “dio un buen contingente de voluntarios al movilizado Quillota”, más de 300 voluntarios quillotanos se incorporaron al “Cazadores del Desierto” y más de 400 al “Batallón cívico Lautaro”, antes del 21 de mayo de 1879.

        En nuestra ciudad, la guerra motivó la aparición de instituciones y organizaciones desde mayo del 79:

  • La Junta Central de Subsidios, presidida por el Gobernador, y sus subcomisiones colectoras de fondos.
  • Comité de Señoras.
  • Comité Sanitario de la Cruz Roja, “con el fin de recoger erogaciones para el socorro de los heridos de la guerra”.
  • “La Protectora de Quillota”, desde agosto de 1880, para atender a las familias de los soldados del batallón y a los soldados mismos.  Nueve vecinos presididos por el filántropo José Francisco Hevia.

        Para finalizar, nos referiremos brevemente a un militar que mencionamos en el texto anterior;  Santiago Amengual Balbontín (Quillota, marzo de 1815 – Santiago, abril de 1898).

        “El 7 de junio de 1879” partía al Perú como comandante del regimiento movilizado Esmeralda, organizado con los futres del Portal, y el 28 de enero de 1880 se le nombraba jefe de la 1ª división del ejército del norte.  El 17 de julio de ese año se le ascendió a general de brigada y el 18 de agosto de 1888 a general de división, grado en que obtuvo cédula de retiro absoluto el 8 de noviembre del año indicado”.

        El año 1891 volvió al servicio para apoyar al gobierno de José Manuel Balmaceda, como lo había hecho con otros gobiernos en 1837, 1851 y 1859.  Los traidores lo expulsaron del ejército.

        Anteriormente, había participado en la guerra contra la Confederación peruanoboliviana.