lunes, 25 de mayo de 2015

25 de mayo en Quillota: Estrada, Clark y Sarratea



Un día como hoy, hace 146 años, compartieron una tertulia en nuestra ciudad notables personajes reunidos con motivo del aniversario patrio de la República Argentina.

De las palabras del periodista y diplomático argentino, ya referido en este blog, Santiago Estrada (1835-1891), conocemos algunos pormenores de la velada acontecida en el domicilio quillotano del Dr. Mariano Eleuterio de Sarratea Figueroa (1815-1886), jurisconsulto y periodista argentino, que fue cónsul y ministro plenipotenciario en Chile en 1864 y 1878, nombrado por Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda, respectivamente. Ferviente patriota y contrario al gobierno de Rosas en Buenos Aires, vivió una activa vida comercial, política e intelectual en su exilio en Valparaíso. Según nos informa la investigación de Manuel Romo Sánchez (1), ingresó a la Logia Masónica “Unión Fraternal” en 1854.  Luego de enviudar, contrajo segundas nupcias, en 1861, con Esther de Tezanos Pinto Grimwood con quien era propietario de una residencia en nuestra ciudad y a la que él daba el nombre de “La Gruta; tanto este domicilio como el del Puerto eran centro de reunión de intelectuales argentinos refugiados en tierras chilenas (2).



Mariano E. de Sarratea, autor: Helsby y Ca. 1865. Biblioteca Digital “Trapalanda”, República Argentina.

Compartía la mesa, además, el porteño Juan Clark Torres (1840-1907), quien sorprendería a sus contertulios con la nueva de la concreción del anhelado proyecto de un telégrafo trasandino (3). Juan junto a su hermano Mateo, también empresario e ingeniero, eran parte de la acomodada familia, avecindada en Valparaíso, formada por el irlandés James Clark y la argentina doña Matea de Torres y Quiroga.

El relato de Estrada, -cuyo retrato y datos biográficos a pie de nota hemos tomado de La Ilustración Española y Americana” (4)-, lo hemos encontrado publicado en la revista bonaerense “Caras y caretas” del 25 de mayo de 1918; y fue originalmente parte de la recopilación denominada “Miscelánea”, editada en Barcelona, 1889 (5), con motivo de su nombramiento como Miembro correspondiente de la Real Academia Española:     


Corría  el  año de  1869,  cuando, por  primera vez, salimos del  país  con  rumbo al extranjero.

Empleados en la  Legación de  Chile,  nos  tocó celebrar  el  glorioso   aniversario  en  la  ciudad de  Quillota y  en  casa  de  nuestro compatriota Sarratea, donde  él había reunido á Frías, Ocampo,  Beeche,  Villanueva.,  Portal, Viera  y Ortiz, restos de la  emigración argentina. En  la mañana  del mismo día,  publicamos en El Ferro­carril, de Santiago, un artículo que  condensaba el pensamiento íntimo  de  todos  los que,  entre flores, banderas y músicas, transportados en espíritu á  la  patria,  vieron brillar en  el  cielo batido por  el temporal de la tiranía, el arco  iris mensajero de bonanza.

A los postres del banquete, interrumpidos por los  acordes  del   Himno  Argentino ejecutado por  la  banda militar de  Quillota, enviada por el  Gobernador, Clark  anunció,  al   llegarle  el turno de brindar, que ya era una realidad el proyecto de extender un  hilo  eléctrico al  través de los Andes. Los  cohetes y  las  luces  de  Bengala  de  los fuegos  artificiales, preparados en  el jardín, coronaron dignamente las palabras del iniciador de esa  hermosa empresa.

Á las  once  de la  noche  recorríamos la  Plaza de  Quillota, alumbrada por  una  luna   pálida  y velada de rato en rato, coordinando las  emociones de aquel  día, en que nos dimos cuenta de lo que  importa para  el viajero y el desterrado, un aniversario nacional  pasado en  tierra extraña. No  pudimos dormir  en   toda  la  noche, escuchando con el oído  de la memoria el eco solemne de  Frías, la  palabra impetuosa. de Sarratea, el concepto  afectuoso  de  Ocampo, la  frase  chispeante  de   Ortiz,  y  el   discurso meditado de Villanueva. El  alba  nos  sorprendió desvelados. El  nuevo   día  nos  guardaba otras emociones: íbamos á  ver  el  mar,  después de  muchos meses de  residencia en  una  ciudad mediterránea, y á estrechar por  primera vela mano  á parientes desconocidos residentes  en Valparaíso.

El murmullo de  las  olas del  Pacífico, predominando sobre  el  ruido del  tren, nos  sorprendió en las inmediaciones de ‘Viña del Mar’. Creímos escuchar los  acentos de las  olas  del Atlántico, en cuyas  orillas hemos  nacido, y con ellos  el  rumor  tumultuoso  de  las  ciudades del Plata, en  ese  momento á  la. mitad de  la  tarea diaria, cuando el afán crece, movidos  la  inteligencia y  el  brazo   por  la  esperanza  de  que  la tarea rinda más  que  en  las   anteriores veinti­ cuatro horas.

Con   el   corazón  dilatado   por   el   ambiente marino, penetramos en  la  casa   de  los  deudos que nos aguardaban. Desde  la  hospitalidad hasta el  pan, todo  nos pareció argentino;  y  volviendo á  pensar  en  la fiesta  de  Quillota, tornamos á dirigir el  pensamiento á la patria. y al pasado,  recordando  los aniversarios nacionales que celebramos en la infancia,  con esa prolijidad de  detalles  que algunas veces pone en juego la memoria.

Antes de buscar y encontrar el reposo de que necesitábamos, apuntamos en la cartera  la crónica quillotana, para enviarla á uno de los principales diarios de Buenos Aires.

De  esos borrones  sacamos  estas  líneas,  que tienen   por   objeto   consignar,  de  cualesquier manera,  bien  ó  mal,  una creencia que abrigamos.

¡Decae  el  vigor  de  la  fibra patriótica  y se debilita   la  originalidad del  carácter nacional, cuando  los pueblos  contemplan  indiferentes el aniversario  de su gloriosa independencia!


Notas

1 “Argentinos en las primeras logias de Valparaíso: 1850-1864” en Revista “Archivo Masónico” nº 11, Santiago, marzo 2007.

2 Doña Esther era hija de la quillotana Carolina Grimwood Allende y de Manuel José Tezanos Pinto Sánchez de Bustamante, hijo de don Manuel, político argentino de origen español avecindado y fallecido en Quillota en 1836, patriarca de la familia. Por su parte, como hemos señalado en otra nota y en nuestro libro, esta ‘residencia campestre’ de Sarratea, -en la que acontece la velada relatada por Estrada-, es la que es confundida con la “Casaquinta de Alberdi”, ya que el tucumano –con residencia en Valparaíso-, era asiduo visitante de “La Gruta” y fechó las “Cartas sobre la libertad de la Prensa” en Quillota, epistolario que es conocido como “Cartas quillotanas”. Este equívoco ha desencadenado infructuosas búsquedas del domicilio del notable argentino en nuestra ciudad por parte, entre otros, del escritor e historiador Ricardo Rojas, en 1921, y del intelectual Alfredo R. Bufano, en 1939.

3 Este significativo episodio sería recordado nuevamente por Estrada en un artículo posterior titulado “El Telégrafo Trasandino”, también incluido en las citadas “Misceláneas”: “En   hora   feliz   para   nosotros, un  caballero chileno,   don  Juan  Clark, concibió  la  idea  de atravesar los Andes  por  medio de  un  telégrafo de más de trescientas leguas  de extensión. En un  banquete  de   argentinos,  en   Quillota,  el 25 de Mayo de 1869,  anunció  á los circunstantes su proyecto, que fué  considerado  por  algunos  como un sueño de su fantasía. La  casa  de don Mariano  de  Sarratea  tantas veces  entristecida  en  día semejante  por  las  quejas  y  el canto  de los proscriptos, se  estremeció   en  esa hora  con  los  vítores   y  aplausos   que  arrancó aquella  promesa  del   progreso   y  la libertad”.

La colosal tarea emprendida por Clark y Cía., a cargo, en el lado chileno, del ingeniero Javier Villanueva y García, y que implicó sortear la cordillera por el paso de El Juncal, a más de 4 mil metros de altura, con materiales adquiridos en Europa y transportados hacia las cumbres a lomo de mula; unió finalmente el tramo Valparaíso – Santiago con Buenos Aires el 23 de julio de 1872. Dos años más tarde, el 13 de noviembre de 1874, se promulgó la ley que concedía a la empresa "Ferrocarril Trasandino Clark” la concesión para construir un ferrocarril a Argentina. Para Juan y Mateo, precursores de la idea, su construcción comenzada casi 20 años después, el 5 de abril de 1889, postergada por la Guerra del Pacífico e interrumpida por la Guerra Civil del 91, significaría el fin de su sociedad y la quiebra de la empresa.

4  De la edición fechada en Madrid, 30 de agosto de 1889, hemos resumido este extracto biográfico: “Ha residido en España por espacio de varios meses, en el presente año, el docto publicista argentino D. Santiago Estrada. No siguió cursos universitarios, sino que le educaron é instruyeron profesores. Discípulo aprovechado y amante de las letras, desde muy joven colaboró en los periódicos escribiendo más de cuatrocientos artículos ilustrativos del derecho argentino á las zonas australes del continente americano, y otros innumerables de crítica artística y de teatros. Perteneció al personal del Ministerio del Interior y luego parte del Cuerpo diplomático. Destinado á la legación en Chile, prestó á su país muchos servicios en la cuestión de límites, y allí colaboró en varios diarios y publicó una Memoria y un curioso libro de Viajes, pasando en seguida á la República del Perú, donde también fue estimado de los primeros literatos y hombres públicos.

El Sr. Estrada es miembro activo de la Sociedad literaria que fundó en Chile el doctor Lastárrea, y honorario del Club de la Universidad de Lima, caballero de la Asociación de la Cruz Roja é individuo del Club Católico de Buenos Aires. La Real Academia Española le ha conferido el nombramiento de académico correspondiente en la capital argentina. Apenas desembarcó en Barcelona, pocos meses hace, el señor Estrada dio a la prensa ocho volúmenes de discursos, impresiones de viaje, estudios biográficos y críticos, diálogos científicos y morales, que representan la cuarta parte de los trabajos literarios de su fecundo autor, y los cuales aparecerán en breve al examen del público ilustrado, con prólogo de los distinguidos escritores españoles”.

5 “Miscelánea por Santiago Estrada; precedida de una carta prólogo de Juan Valera”, Barcelona Imp. de Henrich y Cª, 1889.