domingo, 29 de enero de 2017

Dos bicentenarios: 1816-2016 y 1817-2017



José de San Martín comanda las tropas rumbo al combate en Chacabuco. Pedro Subercaseaux - Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.


En esta nota, desde nuestro punto de vista, nos referiremos a dos bicentenarios, uno que atañe a tres olvidados quillotanos y otro de trascendencia nacional.

En la mañana del 5 de diciembre de 1816, en las postrimerías de la Reconquista española o Restauración monárquica, en la plaza mayor de Santiago fueron ahorcados tres patriotas: los aconcagüinos Juan José Traslaviña y José Antonio Salinas, y el maestro de escuela quillotano Pedro Regalado Hernández.

Reclutados para la causa patriota por medio del coronel José María Portus, tío de Traslaviña, se unieron a los también quillotanos Ramón Arestegui y Ventura Laguna –este último de tan sólo dieciocho años de edad- en la labor de inteligencia, informando sobre el número y movimientos de las fuerzas realistas en la zona a la comandancia establecida en Mendoza.

En tres páginas de su historia general, don Diego Barros Arana narra el proyecto de conspiración, elaborado en Mendoza y Quillota, que culminó en el cruel ajusticiamiento debido a la delación de un sargento español y una mujer que servía a uno de los conspiradores.

Francisco Casimiro Marcó del Pont, último gobernador español, se batía entre dos frentes: las montoneras (o guerrillas montadas) patriotas y la inminente invasión del Ejército de los Andes. 

La suerte del joven Ventura Laguna fue distinta. Apresado espiando en Quillota el 19 de octubre y conminado a confesar, su edad lo salvó de la horca, conmutándosele su pena por diez años de destierro en Juan Fernández. Además, persiguiendo el amedrentamiento público, “el niño Lagunas, fue expuesto a la vergüenza debajo de las horcas al tiempo de la ejecución de cada uno de sus compañeros” (en Viva la Patria, 25 de mayo de 1817).

Como recuerda Ernesto Guajardo en “Manuel Rodríguez: historia y leyenda” (RIL Editores 2010), años después, O’Higgins, en reconocimiento por sus servicios, gestionó su ingreso a la Academia Militar, pero Laguna falleció al poco tiempo debido a las secuelas físicas de los padecimientos sufridos en prisión.

Leonardo León en su heterodoxa obra Ni patriotas ni realistas (2011) reproduce una carta de Laguna a José de San Martín fechada el 13 de mayo de 1817 donde consigna que ha servido a la Patria cuatro años y se refiere a su ciudad como “mi Patria Quillota”. El historiador lo considera “un verdadero héroe del bando republicano” y hace una dura comparación: “¡Qué diferencia entre este héroe anónimo y el guerrillero de pantomima que levantó el relato historiográfico tradicional con la imagen de Manuel Rodríguez!”. Éste es otro tema.

Ramón Arestegui por su parte se dio a la fuga.

Concluimos este texto con algunas fechas y cifras relacionadas con la batalla de Chacabuco (12 de febrero de 1817) copiadas del minucioso trabajo de Javier Infante titulado Autonomía, independencia y República en Chile (2014).

El Ejército de los Andes, a fines de 1816, tenía 3.988 soldados, incluidos 204 oficiales, iniciando su ruta hacia Chile a comienzos de enero de 1817. Invadió por sus seis puntos diferentes.

El 5 de febrero se sabía que había ocupado el valle de Aconcagua y Curicó.

Aunque el Ejército realista contaba con 4.500 soldados, Marcó del Pont sólo reunió 1.660 para resistir.

El 11 de febrero los ejércitos se encontraban frente a frente, pero la batalla tendría lugar al día siguiente, en la hacienda de Chacabuco (actual comuna de Colina), al amanecer.

12 fallecidos  y 120  heridos fueron las bajas del Ejército patriota, según el historiador inglés americanista John Lynch en su biografía de San Martín.

Quedaba abierto el camino hacia Santiago.