miércoles, 25 de mayo de 2022

25 de mayo en Quillota: Estrada, Clark y Sarratea



Un día como hoy, hace 153 años, compartieron una tertulia en nuestra ciudad notables personajes reunidos con motivo del aniversario patrio de la República Argentina.

De las palabras del periodista y diplomático argentino, ya referido en este blog, Santiago Estrada (1835-1891), conocemos algunos pormenores de la velada acontecida en el domicilio quillotano del Dr. Mariano Eleuterio de Sarratea Figueroa (1815-1886), jurisconsulto y periodista argentino, que fue cónsul y ministro plenipotenciario en Chile en 1864 y 1878, nombrado por Bartolomé Mitre y Nicolás Avellaneda, respectivamente. Ferviente patriota y contrario al gobierno de Rosas en Buenos Aires, vivió una activa vida comercial, política e intelectual en su exilio en Valparaíso. Según nos informa la investigación de Manuel Romo Sánchez (1), ingresó a la Logia Masónica “Unión Fraternal” en 1854.  Luego de enviudar, contrajo segundas nupcias, en 1861, con Esther de Tezanos Pinto Grimwood con quien era propietario de una residencia en nuestra ciudad y a la que él daba el nombre de “La Gruta; tanto este domicilio como el del Puerto eran centro de reunión de intelectuales argentinos refugiados en tierras chilenas (2).



Mariano E. de Sarratea, autor: Helsby y Ca. 1865. Biblioteca Digital “Trapalanda”, República Argentina.

Compartía la mesa, además, el porteño Juan Clark Torres (1840-1907), quien sorprendería a sus contertulios con la nueva de la concreción del anhelado proyecto de un telégrafo trasandino (3). Juan junto a su hermano Mateo, también empresario e ingeniero, eran parte de la acomodada familia, avecindada en Valparaíso, formada por el irlandés James Clark y la argentina doña Matea de Torres y Quiroga.

El relato de Estrada, -cuyo retrato y datos biográficos a pie de nota hemos tomado de La Ilustración Española y Americana” (4)-, lo hemos encontrado publicado en la revista bonaerense “Caras y caretas” del 25 de mayo de 1918; y fue originalmente parte de la recopilación denominada “Miscelánea”, editada en Barcelona, 1889 (5), con motivo de su nombramiento como Miembro correspondiente de la Real Academia Española:     


Corría  el  año de  1869,  cuando, por  primera vez, salimos del  país  con  rumbo al extranjero.

Empleados en la  Legación de  Chile,  nos  tocó celebrar  el  glorioso   aniversario  en  la  ciudad de  Quillota y  en  casa  de  nuestro compatriota Sarratea, donde  él había reunido á Frías, Ocampo,  Beeche,  Villanueva.,  Portal, Viera  y Ortiz, restos de la  emigración argentina. En  la mañana  del mismo día,  publicamos en El Ferro­carril, de Santiago, un artículo que  condensaba el pensamiento íntimo  de  todos  los que,  entre flores, banderas y músicas, transportados en espíritu á  la  patria,  vieron brillar en  el  cielo batido por  el temporal de la tiranía, el arco  iris mensajero de bonanza.

A los postres del banquete, interrumpidos por los  acordes  del   Himno  Argentino ejecutado por  la  banda militar de  Quillota, enviada por el  Gobernador, Clark  anunció,  al   llegarle  el turno de brindar, que ya era una realidad el proyecto de extender un  hilo  eléctrico al  través de los Andes. Los  cohetes y  las  luces  de  Bengala  de  los fuegos  artificiales, preparados en  el jardín, coronaron dignamente las palabras del iniciador de esa  hermosa empresa.

Á las  once  de la  noche  recorríamos la  Plaza de  Quillota, alumbrada por  una  luna   pálida  y velada de rato en rato, coordinando las  emociones de aquel  día, en que nos dimos cuenta de lo que  importa para  el viajero y el desterrado, un aniversario nacional  pasado en  tierra extraña. No  pudimos dormir  en   toda  la  noche, escuchando con el oído  de la memoria el eco solemne de  Frías, la  palabra impetuosa. de Sarratea, el concepto  afectuoso  de  Ocampo, la  frase  chispeante  de   Ortiz,  y  el   discurso meditado de Villanueva. El  alba  nos  sorprendió desvelados. El  nuevo   día  nos  guardaba otras emociones: íbamos á  ver  el  mar,  después de  muchos meses de  residencia en  una  ciudad mediterránea, y á estrechar por  primera vela mano  á parientes desconocidos residentes  en Valparaíso.

El murmullo de  las  olas del  Pacífico, predominando sobre  el  ruido del  tren, nos  sorprendió en las inmediaciones de ‘Viña del Mar’. Creímos escuchar los  acentos de las  olas  del Atlántico, en cuyas  orillas hemos  nacido, y con ellos  el  rumor  tumultuoso  de  las  ciudades del Plata, en  ese  momento á  la. mitad de  la  tarea diaria, cuando el afán crece, movidos  la  inteligencia y  el  brazo   por  la  esperanza  de  que  la tarea rinda más  que  en  las   anteriores veinti­ cuatro horas.

Con   el   corazón  dilatado   por   el   ambiente marino, penetramos en  la  casa   de  los  deudos que nos aguardaban. Desde  la  hospitalidad hasta el  pan, todo  nos pareció argentino;  y  volviendo á  pensar  en  la fiesta  de  Quillota, tornamos á dirigir el  pensamiento á la patria. y al pasado,  recordando  los aniversarios nacionales que celebramos en la infancia,  con esa prolijidad de  detalles  que algunas veces pone en juego la memoria.

Antes de buscar y encontrar el reposo de que necesitábamos, apuntamos en la cartera  la crónica quillotana, para enviarla á uno de los principales diarios de Buenos Aires.

De  esos borrones  sacamos  estas  líneas,  que tienen   por   objeto   consignar,  de  cualesquier manera,  bien  ó  mal,  una creencia que abrigamos.

¡Decae  el  vigor  de  la  fibra patriótica  y se debilita   la  originalidad del  carácter nacional, cuando  los pueblos  contemplan  indiferentes el aniversario  de su gloriosa independencia!


Notas

1 “Argentinos en las primeras logias de Valparaíso: 1850-1864” en Revista “Archivo Masónico” nº 11, Santiago, marzo 2007.

2 Doña Esther era hija de la quillotana Carolina Grimwood Allende y de Manuel José Tezanos Pinto Sánchez de Bustamante, hijo de don Manuel, político argentino de origen español avecindado y fallecido en Quillota en 1836, patriarca de la familia. Por su parte, como hemos señalado en otra nota y en nuestro libro, esta ‘residencia campestre’ de Sarratea, -en la que acontece la velada relatada por Estrada-, es la que es confundida con la “Casaquinta de Alberdi”, ya que el tucumano –con residencia en Valparaíso-, era asiduo visitante de “La Gruta” y fechó las “Cartas sobre la libertad de la Prensa” en Quillota, epistolario que es conocido como “Cartas quillotanas”. Este equívoco ha desencadenado infructuosas búsquedas del domicilio del notable argentino en nuestra ciudad por parte, entre otros, del escritor e historiador Ricardo Rojas, en 1921, y del intelectual Alfredo R. Bufano, en 1939.

3 Este significativo episodio sería recordado nuevamente por Estrada en un artículo posterior titulado “El Telégrafo Trasandino”, también incluido en las citadas “Misceláneas”: “En   hora   feliz   para   nosotros, un  caballero chileno,   don  Juan  Clark, concibió  la  idea  de atravesar los Andes  por  medio de  un  telégrafo de más de trescientas leguas  de extensión. En un  banquete  de   argentinos,  en   Quillota,  el 25 de Mayo de 1869,  anunció  á los circunstantes su proyecto, que fué  considerado  por  algunos  como un sueño de su fantasía. La  casa  de don Mariano  de  Sarratea  tantas veces  entristecida  en  día semejante  por  las  quejas  y  el canto  de los proscriptos, se  estremeció   en  esa hora  con  los  vítores   y  aplausos   que  arrancó aquella  promesa  del   progreso   y  la libertad”.

La colosal tarea emprendida por Clark y Cía., a cargo, en el lado chileno, del ingeniero Javier Villanueva y García, y que implicó sortear la cordillera por el paso de El Juncal, a más de 4 mil metros de altura, con materiales adquiridos en Europa y transportados hacia las cumbres a lomo de mula; unió finalmente el tramo Valparaíso – Santiago con Buenos Aires el 23 de julio de 1872. Dos años más tarde, el 13 de noviembre de 1874, se promulgó la ley que concedía a la empresa "Ferrocarril Trasandino Clark” la concesión para construir un ferrocarril a Argentina. Para Juan y Mateo, precursores de la idea, su construcción comenzada casi 20 años después, el 5 de abril de 1889, postergada por la Guerra del Pacífico e interrumpida por la Guerra Civil del 91, significaría el fin de su sociedad y la quiebra de la empresa.

4  De la edición fechada en Madrid, 30 de agosto de 1889, hemos resumido este extracto biográfico: “Ha residido en España por espacio de varios meses, en el presente año, el docto publicista argentino D. Santiago Estrada. No siguió cursos universitarios, sino que le educaron é instruyeron profesores. Discípulo aprovechado y amante de las letras, desde muy joven colaboró en los periódicos escribiendo más de cuatrocientos artículos ilustrativos del derecho argentino á las zonas australes del continente americano, y otros innumerables de crítica artística y de teatros. Perteneció al personal del Ministerio del Interior y luego parte del Cuerpo diplomático. Destinado á la legación en Chile, prestó á su país muchos servicios en la cuestión de límites, y allí colaboró en varios diarios y publicó una Memoria y un curioso libro de Viajes, pasando en seguida á la República del Perú, donde también fue estimado de los primeros literatos y hombres públicos.

El Sr. Estrada es miembro activo de la Sociedad literaria que fundó en Chile el doctor Lastárrea, y honorario del Club de la Universidad de Lima, caballero de la Asociación de la Cruz Roja é individuo del Club Católico de Buenos Aires. La Real Academia Española le ha conferido el nombramiento de académico correspondiente en la capital argentina. Apenas desembarcó en Barcelona, pocos meses hace, el señor Estrada dio a la prensa ocho volúmenes de discursos, impresiones de viaje, estudios biográficos y críticos, diálogos científicos y morales, que representan la cuarta parte de los trabajos literarios de su fecundo autor, y los cuales aparecerán en breve al examen del público ilustrado, con prólogo de los distinguidos escritores españoles”.

5 “Miscelánea por Santiago Estrada; precedida de una carta prólogo de Juan Valera”, Barcelona Imp. de Henrich y Cª, 1889.



sábado, 29 de mayo de 2021

Escritores y emperadores

 


“Quillota, El Último de los Románticos “ y “El siglo de Augusto” son los títulos de los dos últimos libros que hemos leído, gracias a la gentileza del periodista Miguel Núñez Mercado y Gladys Marcela Poblete Cruz, respectivamente.  El primero es presentado como “Nueva Antología Literaria: Raúl Morales Álvarez, 60 Años de Periodismo y Literatura en Chile: tributo al genio y la figura de uno de los mejores redactores nacionales de la vieja prensa escrita”.

El antologador es Rubén Morales Cofré, nieto del Premio Nacional de Periodismo y del autor de las novelas “La monja alférez “, “Denso viene el día “ y “Soldado de fortuna”.

Los textos o columnas están distribuidos en cuatro capítulos, son 34.

En los capítulos II y III, algunos escritores quillotanos, afortunados, son retratados por nuestro literato: Emilio Carvajal Edwards, Dina Ampuero Gallardo, Marta Morales Álvarez (hermana de Raúl) , Eugenio Urzúa Letelier,  Lucía Lezaeta Mannarelli.  Todos del Círculo.

En las páginas 51 y 52 tenemos un excelente “Retrato de Raúl Morales Álvarez “ de su amigo y discípulo Miguel Núñez Mercado.

Morales también escribió sobre otros poetas de nuestra región: la limachina Margarita Serrano; Alejandro Galaz de Casablanca; los porteños, Manuel Astica Fuentes, Alfonso Larrahona y Luis Fuentealba Lagos.  Su columna alusiva a Larrahona se titula “El mágico poeta de Valparaíso “.  Otro texto lo finaliza con estas palabras: “Larrahona es un poeta auténtico, algo difícil de encontrar en nuestra mediocracia, tan abundante de los que presumen serlo y no lo son”.

Éste es el tono de varios de sus comentarios.

Las columnas sobre escritores de otras regiones será el tema de otra nota.

 

 


El emperador romano conocido como Augusto

Con este subtítulo iniciamos nuestras líneas relacionadas con el libro (de 1960) del erudito francés Pierre Grimal (1912 – 1996), ensayo biográfico de 127 páginas sustanciosas y amenas que abordan: los años  preliminares, el principado, la literatura, el arte y la paz augustales.

El llamado “siglo de Augusto “ se extiende entre los años 44 a. Cristo (asesinato del dictador César) y 14 después de C. (muerte de Augusto), casi 60 años.  César era padre adoptivo de nuestro personaje que heredó su cuantiosa fortuna.

Estos gobernantes autoritarios (para decirlo más suave) dominaban un inmenso territorio: “desde la inhóspita isla Britania y las peligrosas fronteras del Rin y el Danubio hasta las cálidas costas del norte de África y los desiertos del Cercano Oriente” (según V. Green).

El historiador y latinista Grimal era admirador de Roma y su civilización, incluidos, por supuesto, los poetas, ya que consideraba que el siglo de Augusto era la edad clásica o edad de oro de la literatura latina.  Sin embargo, los poetas se niegan a cantar a Augusto en sus versos. (?) Sólo un prosista, el historiador Tito Livio, está a la altura de Virgilio y Ovidio.

El enfoque del autor sobre la “Paz augustal” no es convincente: “La  obra de Augusto fue esencialmente una obra de pacificación, no sólo en el interior, restableciendo, a veces por la violencia, la “concordia de las clases” con que soñaba Cicerón, sino también en las provincias y sobre todo en las fronteras” (página 167); “El primer cuidado de Augusto fue acabar la pacificación de la Galia y de España, donde aún subsistan muchas regiones disidentes.  Los diez primeros años del principado se consagraron a esa tarea” (P. 112);  “A partir del 25 a. C., sufrieron exterminio los salasios del valle de Aosta, y los sobrevivientes fueron vendidos como esclavos”. (P. 113).

Muchos chilenos sabemos lo que esconde la palabra pacificación.

 

Augusto E. Poblete Solar


viernes, 28 de mayo de 2021

Semionautas de la identidad

 


Muestra multidisciplinaria de docentes de la Academia Municipal de Bellas Artes en el Día del Patrimonio Cultural

 

A veintidós años de la firma del decreto que instituyó el Día del Patrimonio Cultural de Chile, instancia en que el Consejo de Monumentos Nacionales de Chile (CMN) nos convoca a generar un encuentro directo entre la comunidad y las distintas manifestaciones y bienes que en conjunto constituyen el patrimonio del país, con la intención de que aprecien sus valores, se tome conciencia de su vulnerabilidad y se asuma la responsabilidad que nos compete a todos en su protección; es que el Área Formativa de  la Dirección de Cultura a través de la Academia Municipal de Bellas Artes de  Quillota nos invita a embarcarnos en una jornada en búsqueda de nuestra identidad.

Es que a pesar de nuestro uso, a veces  equívoco, contradictorio, confuso e incluso irreflexivo del léxico de nuestro lenguaje, a lo menos entendemos que existe una relación dialéctica ineludible entre identidad y patrimonio, entre  patrimonio y cultura, entre arte y cultura.

Uno de los ejes conductores de nuestro Plan Municipal de Cultura es el Rescate identitario histórico – patrimonial donde reivindicamos, a lo menos, una actitud de búsqueda o compromiso con el rescate de nuestros elementos culturales identitarios frente a una sociedad globalizada que nos impone criterios estéticos foráneos. En este campo cumple un rol fundamental en nuestra gestión la investigación antropológica-histórica-arqueológica que pone en valor y vigencia nuestro devenir desde tiempos pre-incaicos en este valle que cobijó a los primeros habitantes y dio nombre a nuestro país. En la construcción de este macro-relato no son indiferentes las manifestaciones y expresiones del patrimonio material e inmaterial que lo componen.

En un Marco Teórico para la Enseñanza de las Artes planteamos a la Academia Formativa como un sólido punto de partida para iniciar un debate serio sobre el arte (en sus más amplias manifestaciones) como objeto y concepto, propiciando un espíritu crítico y reflexivo frente a sus múltiples manifestaciones históricas y contemporáneas, ejercicio conducente a la estructuración de un modelo de enseñanza centrado en la creatividad, la expresión y la reflexión, comprendiendo los tres ámbitos del quehacer artístico: el objeto, el sujeto y el contexto social en el que está inserto.

Complementariamente en el Plan de Gestión de la futura Academia de Artes Aplicadas, derivados de los planteamientos de Colombres[1], en torno a una Conceptualización Americana del Arte, postulamos ampliar el ámbito tradicional de una Escuela de Bellas Artes, incorporando la materialidad, procesos y objetos propios de la tradición de la Cerámica y el Esmalte  Sobre Metal: Propiciamos el rescate y proyección de la base comunitaria, solidaria y compartida del ejercicio artístico y la vida cultural misma en contraposición a los procesos disgregadores e individualizantes. Otorgamos mayor relevancia a la acción, a los procesos y a los mecanismos artísticos en sí que a las obras. Aceptamos la serialidad como vehículo de difusión y herramienta de identidad por sobre el concepto tradicional de unicidad del objeto de arte; la presencia cotidiana del ejercicio artístico que implica la potencial polivalencia funcional del objeto en su dimensión, mágica, religiosa, ideológica, estética, funcional y/o decorativa del mismo; y la utilización de una materialidad efímera en la construcción de  obra sin perjuicio de su valoración estética y en oposición a la naturaleza kitsch propia de la manualidad.

En este contexto invitamos a recorrer en las dependencias de nuestro Monumento Histórico “Casa Colonial”, -sede del Museo Histórico Arqueológico y Biblioteca Municipal-, de la mano de Bourriaud[2], transmutados en semionautas, a prospectar en los trabajos expuestos en esta muestra  como indicios o que retratan momentos de una historia ignota: pequeños relatos posibles en cualquier escenario dentro del territorio de las ciudades olvidadas, posibilitando la producción de itinerarios personales en el paisaje íntimo de sus propios signos.

Territorio -cuyos pobladores originales, si no fueron exterminados, finalmente fueron esclavizados, encomendados y mestizados- repartido en solares, quintas y haciendas cuyos títulos de dominio penden de la legitimidad de la donación papal, el estipendio y el derecho de conquista; unificado primero bajo coronas y cetros, pasando por utopías republicanas y finalmente mundializado bajo el modelo globalizador neoliberal. Ciudades que en su magnitud urbana en realidad son pueblos: condición de caseríos provincianos frente a la hegemonía metropolitana. Olvidadas en cuanto a la indiferencia de la toponimia y su etimología y a una historia local relegada al ámbito de relatos parcelados matizados por el trabajo de cronistas, investigadores y sazonado por mitos y leyendas.[3]

En el recorrido de una muestra multidisciplinaria de artistas-docentes de  la Academia Municipal de Bellas Artes, en los intersticios de una trama que abarca de la arcilla milenaria al metal fundido, de la impresión gráfica al volumen escultórico, del instrumento silente al colorido textil, pausaremos por un instante, engarzando memoria, identidad y ciudad, en un momento resignificativo  de nuestras raíces olvidadas.

Si por centurias hemos rellenado, tanto estéticamente como espitemológicamente, el vacío entre el pasado y el presente, entre la memoria y la historia mediante la ritualización y la monumentalidad[4], concertémonos en esta fecha conmemorativa y enterremos efemérides y almanaques dándole sentido de pertinencia y pertenencia a una gestión cultural que proyecta el desarrollo artístico como herramienta de desarrollo comunitario.

 


Carlos Alberto Poblete Cruz

Coordinador de Áreas Dirección de Cultura

Municipalidad de Quillota

 

Notas

 

[1]  Hacia una teoría americana del Arte, de Acha, Escobar y  Colombres, Ediciones Del Sol 1991.

 

[2] Bourriaud, Nicolás, Estética Relacional, Adriana Hidalgo Editores, Buenos Aires 2006

 

[3] Proyecto de Obra Instalación “Tres relatos anónimos para una ciudad olvidada” Brenda Rosales Bórquez.

 

[4] Gillis   John,   Memoria   e   Identidad:   La   historia   de   una   relación   en Commemorations. The Politics of National Identity, Princeton University Press, 1996.