domingo, 28 de junio de 2009

Cinco quillotanos de pluma

Destinaré esta nota para proponer los nombres de cinco quillotanos de pluma, nacidos o avecindados en nuestra comuna, para bautizar plazuelas, calles, bibliotecas, salones urbanos, etc., según corresponda. Hasta el momento, nuestros escritores, salvo dos excepciones, han sido injustamente olvidados no sólo en este sentido.

Los primeros cuatro nombres corresponden a novelistas cuyas obras son las únicas novelas publicadas, en el lapso de casi un siglo (1863 – 1960), ambientadas en Quillota, total o parcialmente.

Los autores y sus textos son:

Zorobabel Rodríguez Benavides (1839 – 1901): abogado que cultivó con éxito la poesía, la novela, el ensayo y la filología. Se distinguió también como periodista, parlamentario y economista. En 1863 publicó su obra “La cueva del loco Eustaquio”, una de las mejores novelas costumbristas chilenas, ambientada en Quillota y Santiago. Fue una de las figuras intelectuales más notables de la vida chilena, según una destacada historiadora.

Victoriano Lillo Castillo (1889 – 1959): estudió en el Liceo de Hombres de Quillota, escritor y periodista. Publicó novelas y cuentos, dejando seis obras inéditas (dos de ensayos). Su novela “Lepra de oro”, ambientada parcialmente en Boco, apareció en 1930.

Lautaro Yankas (1902 - 1990): novelista, cuentista y ensayista. Fue profesor de Artes Plásticas del Liceo de Hombres de Quillota. En 1943 publicó “La ciudad dormida”, novela ambientada totalmente en Quillota (457 páginas). Recrea en ella, detalladamente, la Procesión del Pelícano.


Eugenio Matus Romo (1929 - 1997): novelista, ensayista, crítico y antologador. Profesor de Castellano. Estudió en el Instituto “Rafael Ariztía”. La novela “Mientras amanece” (1960) está ambientada en Quillota y Valparaíso. Familiares de los escritores Rodríguez, Lillo y Matus viven en Quillota.


El quinto nombre propuesto corresponde a un cronista:

Orlando Arancibia Ramírez de Arellano (1892 – 1957): periodista y escritor nacido en Nogales. Fue alumno del Liceo de Hombres de Quillota. Su libro “Al pie del Mayaca, Crónicas” es de 1954. Las crónicas reflejan el gran cariño del escritor por Quillota y su gente (lugar especial ocupan, en su afectividad, el Liceo y sus maestros), fundamentalmente por el pueblo de su niñez, a principios del siglo pasado.

Estos cinco autores y sus textos pueden ser considerados nuestros clásicos en la narrativa novelística y en la crónica periodística. Ojalá estos libros pudieran ser reeditados a través de fondos concursables.

¿Por qué recordar a escritores?, podría preguntar alguien. La respuesta está en estas palabras del poeta Jorge Teillier:

“Cada ciudad tiene una “geografía secreta” que no es ciertamente la conocida por los buenos vecinos y turistas, sino aquella revelada por quienes la cantan o cuentan, sus poetas y escritores”