lunes, 20 de agosto de 2012

Unión Americana: ¿Sólo una calle?


Pedro Félix Vicuña (1805 - 1874)


Hace algunos años el periódico calerano informó que la calle hijuélense Unión Americana había sido remodelada y asfaltada. Esta arteria conecta el distrito de Artificio (comuna de La Calera) con el de Petorquita (comuna de Hijuelas). ¿Por qué y cuándo esta vía fue bautizada Unión Americana?
Para entenderlo debemos remontarnos al siglo XIX latinoamericano. El historiador Simón Collier constata que: “Desde comienzos de los años cincuenta, un sinnúmero de episodios internacionales reenfocaron la atención de los chilenos hacia la idea de la unión. El deseo aparente de Ecuador de ceder las Islas Galápagos a un empresario de Estados unidos en 1855, y de convertirse en un protectorado de los Estados Unidos, las actividades filibusteras de William Walker en Centroamérica en 1855 – 1857, la reincorporación voluntaria de la República Dominicana al imperio español, o lo que quedaba de él en 1861, y la invasión de Francia a México en 1862, generaron una indignación generalizada que estuvo bien representada en la prensa”.
Estos acontecimientos alarmaron a chilenos de pensamiento liberal, defensores del legado del movimiento independentista: la independencia política y la republica democrática, amenazadas por las monarquía europeas: Francia, España e Inglaterra, principalmente. Algunos de estos idealistas eran: Pedro Félix Vicuña y sus hijos Benjamín y Juan Vicuña Mackenna; los hermanos Manuel Antonio y Guillermo Matta, entre varios otros.
Estos ilustres personajes crearon sociedades de la Unión Americana en varios lugares del país. Juan Vicuña fundó una en el Melón, actual comuna de Nogales. Después se fundó la de Santiago.
En la Sociedad melonina nació la idea de fundar un pueblo llamado Unión Americana en el Valle de Purutún (actual Hijuelas), subdelegación del departamento de Quillota, en la antigua provincia de Valparaíso.
Adjuntamos transcripciones de valiosos documentos sobre el tema de esta nota histórica extraídos de la Colección de Ensayos y Documentos Relativos a la Unión y Confederación de los Pueblos Sud-Americanos. Segundo Volumen. Imprenta del Ferrocarril. Santiago 1867. Destaca la carta de Pedro Félix Vicuña, testigo presencial de la ceremonia de fundación del pueblo Unión Americana el 28 de septiembre de 1862. Gobernaba Chile don José Joaquín Pérez.
Durante los años 1865 y 1866, los temores de los americanistas chilenos se justificaron con la agresión del Reino de España a nuestro país, bombardeo a un desprotegido Valparaíso incluido.
Según Eugenio Orrego Vicuña, el pueblo Unión Americana fue una “Idea generosa, noble ilusión de juventud, desbaratada por los contrastes de la fortuna y de la vida, que merece un recuerdo”. Nosotros lo recordamos con motivo del 150º aniversario de la fundación (1862 – 2012), acicateados por las recientes amenazas británica y española contra la República Argentina.
"SEÑORES SECRETARIOS DE LA UNIÓN AMERICANA
Melon, octubre 3 de 1862.
Recibí vuestra comunicacion, por la que la sociedad de la Union Americana, me comisionaba para que la representase en la ereccion del pueblo que lleva su nombre en el valle de Purutun, a orillas del rio Aconcagua. He cumplido con tan honorífico encargo i os doi cuenta de la solemnidad de aquel acto, con que Chile deja en pié un monumento de su amor a la democracia bajo los auspicios de la Union de todo nuestro continente, para rechazar los principios i tentativas de la vieja i corrompida Europa.
En una calle de seiscientas varas a la que se entraba por un arco triunfal con las mas patrióticas i alusivas inscripciones, entre las que sobresalia la siguiente: "La Union en la Justicia, es el gran principio rejenerador de los pueblos» i en el que ondeaban quinientas banderas de todos los pueblos libres; este conducia a una plaza circular en que se iba a colocar la piedra del primer templo i al mismo tiempo la base de un monumento que recuerde a nuestros hijos la inspiración sublime con que la América entera proclama su alianza contra toda tiranía, contra los invasores de la Europa, i contra todas las ideas que ataquen nuestras instituciones.
La plaza, la formaba una arquería graciosamente adornada de festones. En uno de sus estremos un gran cuadro reunia las banderas de las repúblicas de América, enlazada la de Chile con la de Méjico i en los estremos se leian los nombres de Washington, Bolívar, Miranda, San Martin i O'Higgins.
En medio de la plaza se elevaba un anfiteatro sostenido por ocho columnas i coronado con las banderas de los pueblos de América, las que daban sombra a un suntuoso altar, en el que se bendijeron las banderas que el pueblo adoptaba como el emblema de su nombre.
Estas eran blancas, con una estrella verde sobrepuesta a un círculo del mismo color que denotaba el continente de América.
La misa fué: solemne, i el señor cura párroco don Manuel Arabena, asistido de los presbíteros Arabena e Izquierdo, tan luego como llegaron el señor gobernador de Quillota, don Luis Linch i el cabildo, principió las ceremonias. Varios trenes habian venido de Valparaiso i uno especial en que venia el señor comandante Campillo i una parte de su batallon; i la música no cesó de tocar durante aquella augusta ceremonia, guardando un profundo silencio mas veinte mil ciudadanos allí reunidos. Sobre el rio se hizo un puente de madera para los que venian a pié i el señor Cortés, que habia tomado todos los coches de alquiler, los mandó a los trenes a conducir a cuantos llegaban.
Concluida la funcion relijiosa, los jóvenes escolares de ámbos sexos, perfectamente uniformados, cantaron la cancion nacional en el momento de elevarse la bandera simbólica de la ‘Union Americana’.
Creí de mi deber, i como socio de aquella sociedad, espresar los sentimientos que la animan, tanto para allanar los estorbos que tan gran pensamiento encuentra en la organizacion de los gobiernos de nuestras repúblicas, como para bosquejar la grata esperanza de que Méjico, rodeado de la fuerza moral de la opinion, triunfaria solo de sus invasores; i que la América del Norte, despues de vencer a sus rebeldes hijos, le ayudaria a espulsar las huestes de un tirano de su patria i del mundo entero.
Terminó la funcion, entregando don Juan Vicuña, fundador del pueblo, una bandera al señor gobernador Linch, diciéndole, que la depositase en la municipalidad como un testimonio del gran pensamiento que habia precedido a la formación de aquel pueblo i como un recuerdo de las inspiraciones i entusiasmo con que tantos ciudadanos allí reunidos, aceptaban la confederacion de todos los pueblos de América. Al señor jeneral Dehesa le dió otra de seda con los mismos emblemas, por ser presidente de la sociedad de la Union Americana de Valparaiso. Le dió otra igual al representante de la sociedad de defensores de la Independencia Americana de Coquimbo i otra a mí, diciéndonos que deseaba que aquella bandera, que el pueblo habia adoptado, la aceptasen como el emblema de la union de todas las sociedades erijidas con este objeto.
Espero pondreis en conocimiento de la sociedad todos los incidentes de este dia, i la entregareis la bandera que para ella me ha sido obsequiada.
El señor don Felipe Cortés convidó a los circunstantes a descansar en su casa, dando un suntuoso banquete en el que reinó el mayor patriotismo i entusiasmo, en medio de los estrepitosos brindis i de una armoniosa música.
El señor Cortes i su señora llenaron tan profusa como dignamente su jenerosa hospitalidad, solemnizando por su parte tan gran dia.
Me suscribo su afectísimo S. S. Q. B. S. M.
Pedro Felix Vicuña.” [65-67]