sábado, 6 de junio de 2015

Valle de Quillota: jardín de acogedores habitantes y futuro industrial

Gabriel Lafond de Lurcy, grabado de Gustave Levy, 1845, sobre un retrato de Demoussy.


Continuando con la entrega de fragmentos documentales que contengan referencias a Quillota y su valle, recurrimos hoy al explorador francés Gabriel Lafond De Lurcy (Allier, 1802 - París, 1876); quien, luego de ver truncados sus estudios, ingresó como aprendiz de grumete a la Marina Mercante en 1818, y al cabo de cuatro años ya ocupaba el cargo de comandante; llegando a ser, en su madurez, director de la Compañía de Seguros Marítimos de Francia y de la Unión de Puertos. Viajó por aguas y territorios bañados por el Atlántico, Indico y el Pacífico. En su paso por ambas Américas, en 1822(1) a bordo del "Aurora" recaló en las costas de Perú y Chile, visitó Lima, Callao, Valparaíso y por supuesto nuestras tierras.

De su novelesca biografía, sólo señalaremos dos episodios: la controvertida “Carta Lafond” que contiene los datos que inquirió del propio San Martín, en Grand Bourg 1839, sobre la entrevista secreta del prócer con Bolívar, acontecida en Guayaquil 1823; y su fallida concesión para la construcción del Canal de los dos Océanos pasando por Costa Rica, país donde fue cónsul y ministro plenipotenciario de Francia.  

En 1851 fue electo miembro de la la Sociedad Geográfica de París y miembro correspondiente de la American Geographical Society en 1857.

Sus crónicas y correspondencia de viaje dieron fruto desde 1837 a una bibliografía de más de 18 volúmenes entre los cuales se cuentan: "Des Iles Marquises et des colonies de la France darts l'Amerique et l'Oceanie" (Paris, 1842) . "Voyages autour du monde et naufrages celebres" (8 vols., 1843)" "De l'emancipation de l'esclavage darts les colonies Francaises de l'Amerique" (1844) . "Etudes sur l'Amerique Espagnole" (1848); "Quinze ans de voyage autour du monde" (2 vols., 1849); and "Cartes de l'Amerique Central " (1853).

El fragmento que reproducimos a continuación corresponde a la traducción hecha por Federico Gana de la edición francesa de 1853, titulada “Viaje a Chile” y publicada en Santiago por la Imprenta Universitaria en el año de 1911.

Voi  ahora a conducir al  lector a QUILLOTA,  que  he visitado varias  veces  durante  mi  estadía en  Chile. Esta ciudad, situada en  el  valle  de   este  nombre, a doce  leguas de  Valparaíso, es  un  verdadero  jardin; de ella vienen  todos los frutos i legumbres que surten al   puerto.

Para  ir a Quillota es necesario salir   de Valparaiso  por   el  Almendral,  tomar  despues a la izquierda i franquear los  montes del Baron donde los españoles habían construido un  fuerte para defender la rada. Los  cerros que  se  atraviesan son  de  formacion  calcárea i encierran una  gran  cantidad de  mica, venas  de cuarzo i de   hierro  en  el estado de oxido los   cruzan  verticalmente, i a  menudo  la  superficie del suelo está  cubierta de  una  arcilla  de un vivo   color  rojo, sobre  todo  en  estío  cuando el sol ha  quemado  las  plantas que  lo cubrían.

Las   primeras montañas que  se  ven   saliendo  del puerto, son  las  Siete Hermanas; de  ahí  se  desciende al  valle de  Viña del  Mar,  poblado  de   innumerables tórtolas, de   torcazas,  de   infinitos loros verdes de cola  roja  i de preciosos colibries de  brillante  plumaje, que  vuelan  como mariposas sobre las flores.

Hice  mi   primer viaje  a  Quillota acompañado de varios capitanes, sobre cargos i  negociantes que  como  yo  deseaban visitar la   ciudad.  Nos   habíamos dado cita  en el  valle de  Viña.  Cuando todos estuvimos  reunidos, pusimos al galope  nuestros esplendidos  caballos chilenos  i  llegamos  rápidamente  a la cima  de  la   montaña opuesta  Teníamos todavía muchas gargantas i matorrales que atravesar antes de llegar a Concon, aldea  situada en  la embocadura del rio, donde Miers (2), que  ha escrito sobre  Chile, habia construido  un  molino  de  igual  forma  que  los   molinos ingleses. Esperaba tambien establecer una  gran fábrica para  la laminacion del  cobre; esta  fábrica debía constituirse con   capitales  ingleses  teniendo  al almirante Cochrane a la cabeza.

A pesar de las dificultades  del   terreno, nuestros infatigables caballos atravesaron  rápidamente los cerros  que  nos separaban del  valle  de  Aconcagua. Este  valle  principia al  pié de la  cordillera, i lo riega,  en una  estension de  mas  de  cuarenta leguas, un rio que lleva  su  nombre.  En  lugar  de  continuar nuestro  camino  por  la  vega,  que   en  ese   lugar  es  un  pantano muí difícil  de  atravesar, costeamos el lado  izquierdo de la ribera del  río, i al  medio dia  nos detuvimos en un molino que   pertenecía a  un hacendado  amigo mio.  Don  Nicolás Isarnótegui, hombre de unos cincuenta años, grande, fuerte,  huesudo,  tipo perfecto de los hacendados  chilenos,  nos   recibió  mui   bien.

Nos esperaba debajo de una  ramada  construida detras  del  molino i ahí  nos ofreció melones, sandías, leche,  chacolí i aguardiente anisado fabricado por él.

Despues de reposar  un rato,  nos fue necesario partir. Atravesamos el  río  i entramos al valle acompañados i dirijidos por  don  Nicolás,  quien   montado en  un  hermosísimo caballo, parecia un verdadero centauro.  El  valle  nos  parecía  un   verdadero  jardín sin  cierros; las  frutas i las  legumbres de  Europa crecian allí en tal abundancia, que uno habría creído encontrarse en  una  de nuestras provincias  mas  fértiles, si las  palmeras, los   cactus, los abundantes  aloes  i sobre todo la vista  de  las Cordilleras, no  nos  hubiesen  recordado que   estábamos en   America. Al   ponerse  el sol, hicimos nuestra  entrada a la ciudad de Quillota acompañados  por  una   banda de jóvenes   i señoritas a caballo que,  saludando nuestra  llegada, habían salido a recibirnos.

Quillota es  una  hermosa ciudad, algo  triste, pero donde las mujeres son verdaderamente encantadoras. Se compone de  una  larga   calle,   ancha, bordeada a cada  lado  de casas  de   campo  o  chácaras. Nada  es mas  fácil en Quillota que   organizar  una  fiesta  o un baile.  A la noticia de  una   partida  de   placer, todas las muchachas suben a  caballo i llegan  al lugar  de reunion tan  frescas como  si viniesen en  un coche.

¡Cuántas veces  me ha  ocurrido  bajarme del caballo a las seis de la tarde, organizar  un baile,  i ver   tres horas mas  tarde,  cuarenta  encantadoras  jovencitas bailando llenas  de entusiasmo  i     felicidad!

¡Cuántas veces hemos partido  cinco,   seis i diez jóvenes de Valparaiso para venir a  pasar   días inolvidables a Quillota!

Durante la noche  bailábamos;  en el dia   recorríamos  las chácaras  embalsamadas con  el perfume de las flores i de las frutas, i      despues íbamos a refrescarnos en  las cristalinas i torrenciales aguas del  río.

¡Momentos encantadores pasados en Quillota jamas os  borrareis de  mi recuerdo!

Quillota está  llamado a ser el  valle   industrial de este hermoso país, porque el rio Quillota que desciende de la cordillera sera  una  fuente  inagotable de  riquezas,  moviendo poderosas máquinas hidráulicas.

He recorrido todo este inmenso valle hasta  el Aconcagua, donde me aloje en casa de una   hija de don Nícolás Isarnótegui. Atravesé la  famosa montaña  la Dormida  i me  vi en  mi camino acojido  como  un hermano por  todos los  buenos hacendados a los cuales quise hacer el honor  de  pedir  hospitalidad. Recibid   todos mis  agradecimientos, hombres  sencillos i     buenos  í que  vuestras virtudes no se  pierdan  tan   luego  bajo la influencia  funesta de  la civilizacion europea”.



Notas

1 Su descripción del terremoto de aquel año, es un interesante aporte testimonial para la historia telúrica nacional.

2 Sobre este multifacético personaje y sus impresiones sobre Chile y los chilenos, que en parte coinciden con las expresadas por Mathison –y que reproducimos anteriormente-, nos referiremos en una nota aparte.